dimecres, 28 de novembre de 2012

Cataluña, de un nuevo país a un país nuevo.

Vistos los resultados de las elecciones en Cataluña, a Mas se le podría aplicar aquella repetida frase de la campaña de Bill Clinton: “es la economía, estúpido”. Ha pagado, y más allá de lo que nadie esperaba, estos dos años en los que ha querido ser más papista que el papa aplicando la política de austeridad y recortes dictada por la troika.

Ya se dijo cuando se produjo la manifestación del 11 S: la multitud que se lanzó a la calle quería que Cataluña fuera un nuevo país de Europa, pero también un país nuevo, y las urnas así lo han recogido.

Se ha producido casi un 62% de voto independentista, y en este sentido no hay marcha atrás. Para poder avanzar en la senda del soberanismo sólo hay una alianza posible, la de Convergència i Unió y Esquerra Republicana de Cataluña, que suman cincuenta y veintiún escaños respectivamente en una cámara de 135, es decir, 71 estando la mayoría absoluta en 68. Hay una coincidencia entre ambas formaciones en el objetivo independentista. Como dice Empar Moliner, siempre tan aguda,  en el titular de una columna de opinión, ahora, en el Parlament hay cincuenta diputados soberanistas más: los de Convergència i Unió.

Sin embargo, para que esa alianza se pueda producir con garantías de éxito, sus componentes deben tener dos cosas muy claras: CiU debe efectuar un giro radical en su política económica, un giro radical dentro del margen que tiene, que no es mucho, ya que continua dependiendo de Bruselas y de Madrid, sin poder disponer del total de la recaudación impositiva en Cataluña -ni mucho menos- y debiendo seguir directrices, en cuanto a impuestos, ajustes y recortes, en muchos casos finalistas.

 A pesar de eso, el gobierno de la Generalitat tiene un cierto margen para demostrar una decidida voluntad de orientar su política en favor de la justicia social y la economía productiva, de fijar una clara priorización de sus objetivos al servicio no de las élites catalanas, sino de un país en tiempos de crisis.

Oriol Junqueras apuntava ayer mismo algunas medidas posibles en este sentido: “Insistimos en la necessidad de un cambio de política presupuestaria. Necesitamos una fiscalidad más justa y rebajar la presión sobre nuestras familias y consumidores. Y hay que implementar medidas como eliminar el euro por receta; rebajar el IRPF del tramo catalán [tramo autonómico], y que la presión se aplique a otros ámbitos, com los sectores con más recursos y los beneficiados por la crisis -por ejemplo, los bancos-”

Por otra parte, ERC y toda la izquierda, y el conjunto de la población que la hemos votado, debe entender también que ahora no es posible conseguirlo todo -como decía el eslógan de las CUP-, por el mismo principio de dependencia, que se debe y se puede mejorar el estado del bienestar en sus pilares fundamentales, así como la redistribución y la economía productiva hasta un cierto punto, pero que los límites impuestos desde el exterior reducen el margen de maniobra más allá de la voluntad de CiU.

Nadie ha perdido todavía. Mas aún está a tiempo de encabezar el gran proyecto de un nuevo país, siempre que comprenda que esto requiere pensar en un país nuevo, con una nueva política económica y social, siempre que sea capaz de servir a los intereses de su país y no a los de su partido. Esquerra puede contribuir a que éste nuevo proyecto se haga realidad, a que no se pierda en ningún momento la vía del soberanismo, sino que se profundice en ella, pero también a trasladar, con su credibilidad, a la opinión pública, cuáles son las limitaciones del presente.

Y la sociedad, si los políticos aceptan recorrer la vía del reformismo en la política económica y social y de profundización soberanista, también debe ser responsable y no pedir lo imposible, ahora no.

Quien ha recibido el mensaje más claro y debe entender que Cataluña no quiere vivir al servicio de los intereses del capital, sino que quiere ser una sociedad moderna y productiva pero insobornablemente justa, es Mas y Convergència. Si no lo hace así, será otro político sectario de partido y no el presidente de un nuevo país o quien nos conduzca hacia él, y en ese caso, dentro de un año volveremos a tener elecciones.

No hace falta un gobierno de salvación nacional. Mas desde el gobierno y Junqueras desde la oposición -o CiU y ERC, si se prefiere-  deben ser capaces de interpretar fielmente el rumbo que marca el pueblo, mediante estrategias posibilistas, ciertamente, pero sin hacer ni hacerse ni hacernos trampas.

Yo creo que Esquerra lo ha comprendido perfectamente: ni puede rehuir su responsabilidad -desde la leal oposición, por supuesto- ni puede lanzar un órdago. Quien debe comprenderlo también es Convergència i Unió. Se puede alcanzar un nuevo modelo de convivencia, pero para eso se deben apear del neoliberalismo y abrazar postulados keynesianos y socialdemócratas. Eso no supone renunciar al alma de CiU, sí a su deriva más derechista.

La historia llama a la puerta y ahora es cuando se ve la altura o no de los estadistas. Cataluña merece un presidente, un gobierno y una oposición que estén a la altura de las circunstancias.

Este es tan sólo un análisis de urgencia sobre la gobernabilidad de Cataluña después de las elecciones del 25 N, hay mucho más que analizar, como la propia composición del parlamento con los números en la mano, y también la necesidad de desarrollar y explicar claramente modelos realmente ilusionantes, más allá de un solo concepto y de alertar sobre el crecimiento de fuerzas instaladas en los aspectos más oscuros de las pulsiones políticas y la demagogia. Todo ello merece una reflexión pausada que intentaré desarrollar en las próximas entradas.



dijous, 22 de novembre de 2012

“I have a dream”

 Siempre que puedo, por las mañanas -en el autobús, en casa…- , tengo por costumbre escuchar un rato la radio. Sigo alguna tertulia, o informativos, pero eso comporta también tener que tragarse inefablemente los espacios publicitarios. Últimamente es interesante ver como se han adaptado a la situación de precariedad e incertidumbre en que vivimos.

Hay una serie de anuncios que me enervan especialmente. Corresponden a Loterías del Estado. Hay varios, pero en todos ellos una supesta persona corriente explica, como algo extraordinario, el sueño que ha tenido la noche anterior: “¿a que no sabes qué he soñado esta noche?” Y a continuación relata el sueño de una situación cotidiana, casi triste… que si ha acompañado a los niños al colegio y se ha tomado un café con leche, que si ha limpiado la casa… cosas así, invento. Entonces, la prepotente voz del locutor proclama con una insolencia ofensiva algo así como “¿qué tipo de sueños quieres tener si no juegas a la lotería primitiva?”. Seguro que si los habéis escuchado los recordáis.

He estado a punto, más de una vez, de denunciarlo por falta de respeto a la mayoría de la población española y también por fomentar falsas expectativas. Ante un drama colectivo están proponiendo soluciones tan azarosas como individualistas. Ya, si quieren aprovecharse de la desgracia ajena, porque no proponen que el IRPF en lugar de pagarlo al estado, lo invirtamos en loterías y otros juegos del estado, así la gente pagará más contenta y, puesto que fomentarán la ludopatía, encima recaudarán más de la cuenta.

Yo no espero que me toque la lotería, pero tengo otros sueños, individuales y colectivos, que no dependen del azar sino de la voluntad y la decisión de todos nosotros y nosotras.

Sueño que vivo en un país libre, una Cataluña independiente (ya sé que esto molesta a muchos españoles pero pido un poco de paciencia para contemplar el sueño en su conjunto). En este país han cambiado muchas cosas. Se ha redactado una nueva constitución basada en la democracia participativa. Al parlamento se accede mediante listas abiertas, con vocación de servicio y respondiendo regularmente frente a los electores, que pueden renovar o derrocar el mandato. El poder económico se halla subordinado en todo al poder político y éste a la voluntad popular.

La usura es el peor delito y, por tanto, no hay ricos escandalosamente ricos. El objetivo que persigue todo el mundo es la felicidad y ya se ha comprobado claramente que ésta no se consigue por medios insolidarios o mediante la riqueza, aunque siempre hay quien da más importancia a la posesión de bienes materiales que otros, es su opción. Nuestra sociedad sí es extremadamente rica en servicios públicos y bienestar social, todo de la máxima calidad, universal y gratuito. La riqueza que no se acumula individualmente se invierte aquí: en la sanidad, la educación, los servicios sociales y a la dependència, el acceso a la vivienda, la investigación, la cultura, el derecho al ocio, la atención a las minorías… El trabajo no es un castigo. Habitualmente no se hacen largas jornadas y se pretende que se pueda compaginar perfectamente con la vida personal. Se ha dejado al máximo el trabajo rutinario a procesos mecánicos e informáticos y se estudia en cada caso, desde la orientación profesional, las tareas en que cada cual puede ser más creativo y por tanto feliz y productivo, una productividad que se mide no tanto cuantitativa como cualitativamente y que ha aumentado exponencialmente gracias a la formación y a la creatividad.

El paro no existe porque el trabajo se reparte y se facilita la jubilación, con frecuencia una jubilación productiva, de las personas mayores. Puesto que las necesidades colectivas están cubiertas por el estado y el consumo personal es discrecional pero moderado, esto no supone ninguna disfunción económica, y aún menos en el contexto económicamente saneado que, gracias a las medidas anteriormente enumeradas, hemos conseguido.

Ni qué decir que no existen ciudadanos de primera ni de segunda, que quien venga con el ánimo de contribuir a consolidar nuestro modelo de sociedad siempre es bienvenido y que la convivencia lingüística y cultural es ejemplar. Todas las nuevas generaciones dominan ya perfectamente el catalán, el castellano y el inglés, lenguas que usan indistintamente como propias y son conscientes de la riqueza que representa la diversidad cultural de nuestra sociedad.

El ejemplo de Cataluña, después de unos primeros momentos de tensión, hizo que el País Vasco y otros países europeos accedieran también a la independencia y cambiaran su modelo económico. El Estado español, primero, y progresivamente los demás estados europeos, presionados por su población, alentada por la ejemplaridad y la solidaridad de los primeros países independizados, se vió forzado a redefinir la administración territorial y el modelo económico y social en términos muy similares a los expuestos.

Actualmente, Europa es un espacio confederal, sin fronteras, con una misma moneda y un parlamento, elegido igualmente de forma directa por los diversos pueblos, donde se dirimen algunos asuntos de interés colectivos, más con intención de coordinar y optimizar, que no de ejercer imposición alguna a los pueblos soberanos. Por otra parte, el nuevo modelo geopolítico y socieconómico ha hecho que las relaciones entre los ciudadanos de Europa sean cada vez más fluídas y coperativas.

En España, como en otros territorios en los que se han vivido procesos secesionistas, la normalidad de la situación actual ha permitido no sólo reencontrar sino profundizar y mejorar la antigua fraternidad de los pueblos y las personas. Por primera vez, por ejemplo, se puede decir con toda razón que ningún catalán se siente extranjero en Castilla, y viceversa.

El bienestar global en Europa ha hecho que dos grandes cuestiones pasaran a formar parte prioritaria de su agenda política: la ecología, no sólo en el sentido de fomentar buenas prácticas medioambientales, sino también la implantación de políticas activas para la recuperación total de la salud del planeta y la solidaridad con todos los pueblos de la tierra afectados por catástrofes naturales, económicas o políticosociales, incluyendo las guerras, naturalmente.

El nuevo modelo económico de Europa, y especialmente la desaparición de los fondos usurarios han permitido dedicar recursos, no sólo económicos sino muy especialmente humanos y científicos, a mejorar radicalmente las condiciones de vida de estas zonas del mundo, mediante instituciones comunes que han coordinado los programas y evaluado sus resultados. El cambio ha sido sustancial, equiparable al del proceso de regeneración de la Tierra.

Sí, yo tengo un sueño. Podría detallarlo más, pero ¿para qué? Para que mi sueño pueda ser también vuestro sueño, mejor dejo el resto a vuestra imaginación.

No sé si jamás lo veré cumplido, soy mayor, y aunque pienso que estamos en el buen camino, la historia no atiende a nuestras urgencias. Da igual. Si no estoy yo, estaréis vosotros, o nuestros hijos.

Yo tengo otro sueño: en el caso de que no esté, me encontraréis en Cicely, rejuvenecido y eterno, manteniendo largas conversaciones con Chris en la KBHR y con Ed en el Roslyn’s Café y escuchando los sabios consejos de Marilyn. Y, para los que me estáis entendiendo, os aseguro una cosa: ¡A mi no se me escapará Maggie!



dijous, 15 de novembre de 2012

El voto en tiempos de guerra

 En las próximas elecciones al Parlament de Catalunya del 25 N votaré por Esquerra Republicana de Catalunya. No lo haré, como alguien tal vez pudiera pensar, con la nariz tapada, sinó con convicción e ilusión. He sido muy crítico respecto a Esquerra en los tiempos del tripartito, pero también pienso -es una rara peculiaridad de ese partido- que se ha renovado profundamente. La Esquerra que encabeza Oriol Junqueras, sobre el papel, me ofrece garantías de que será realmente un partido independentista y seriamente preocupado por la justicia social.

Hay dos cosas que me atraen especialmente de su opción: su predisposición a que el proceso hacia la consulta al pueblo catalán sobre la independencia se plantee sin tardanza, de modo que las elecciones no se conviertan en cuatro años de respiro para CiU sin que el pueblo catalán se pronuncie sobre el tema; y la claridad de sus objetivos sociales sin que esto la lleve a hacer proclamas utópicas para pasado mañana. Precisamente porque su agenda en este sentido es creíble, su política puede ser eficaz. No es más de izquierdas quien lanza proclamas más incendiarias sino quien avanza -o presiona desde la oposición- para que se adopten medidas posibles en cada momento en una línea de radicalidad política contextual y no de fuegos fatuos.

Ayer, 14 N, tuvimos ocasión de mesurar en la calle la creciente necesidad de que se tomen medidas, pero medidas realistas, aplicables ya, antes de que la inanición se apodere de todas y todos y la revolución mundial de las clases populares sea un sueño cada vez más lejano. Hoy, 15 N, escuchando al gobierno y a sus voceros, constatamos que, por la vía de la huelga y las manifestaciones, no vamos a cambiar nada.

Mi opción por Esquerra Republicana es una apuesta, desde luego, de la que espero no arrepentirme, pero en todo caso la hago sin ningún tipo de reserva mental. No me he adscrito al partido porque soy un pésimo militante, pero, para dar forma a mi compromiso, me he adherido a la plataforma ciudadana Catalunya Sí, liderada por Alfred Bosch y alguno de cuyos miembros se presenta en las listas de ERC.

Iniciamos un proceso histórico, un proceso que será más o menos largo según quién pilote las diversas naves que van a recorrerlo. Y yo he decidido que la nave que mejor representa mis intereses y mis urgencias y tiene capacidad real de influir en el proceso es Esquerra Republicana de Catalunya -ésta Esquerra Republicana de Catalunya-.

Porque además, este proceso, queramos o no, se va a desarrollar en un contexto bélico -metafóricamente pero con toda la dureza que implica el término-. Por un parte respecto al Estado español, sus gobernantes, instituciones y poderes fácticos, que harán todo lo posible y más para que nuestra travesía no llegue a buen puerto. Será, muy a pesar nuestro y ojalá me equivocara, un adversario común frente al que deberán actuar con unidad y decisión todas las fuerzas soberanistas. Por otra parte, se plantea un escenario bélico interno entre la derecha y la izquierda, por decirlo en términos convencionales. La derecha, como siempre, unida, la izquierda, también como siempre, fragmentada.

El gran partido hegemónico de la derecha y más que pobable ganador de las elecciones es CiU, representante de la burguesía y las grandes fortunas catalanas, procedan de donde procedan y que, en estas elecciones, aún conseguirá rentabilizar electoralmente la gran ficción interclasista. Muchos electores que no tienen nada que ver con sus intereses les votarán -aún- por motivos patrióticos. Sin embargo, esto se le puede estar acabando a CiU, y su Némesis, puede ser curiosamente el Partido Popular. ¿Cómo va a pactar CiU medidas económicas y sociales de clase -que no de país-, con el Partido Popular? La ficción según la cual los pactos puntuales o no con el Partido Popular se hacían por el bien del país se le acaba a CiU puesto que el Partido Popular y CiU habrán estado en las antípodas en el debate soberanista y nadie entendería después que, en el camino hacia la independencia, CiU se parara a hacer alianzas con el Partido Popular para continuar con las medidas neoliberales en contra de las clases populares y medias. Unió Democràtica pienso que va a sufrir especialmente.

La izquierda, ya lo he dicho, se presenta dividida. Además de ERC, concurren a las elecciones con posiciones de izquierda y soberanistas, SI, las CUP y -matizadamente- ICV-EuiA. Entiendo la concurrencia de las CUP, que tienen toda mi simpatía pero no tendrán mi voto. Si había un mal momento para presentarse era éste, no sólo por lo que representa de división del voto independentista de izquierda, sino por la propia inexperiencia política, en un parlamento estatal o autonómico, de las Candidatures d’Unitat Popular. La experiencia hay que ganarla en algún momento, lo comprendo, pero en esta coyuntura histórica, con una presencia -si llegan a entrar- meramente marginal, no me parece lo más oportuno. Aunque, si entran, les desearé suerte y acierto.

Entiendo y comparto menos lo de SI. No hay una diferencia programática tan sustantiva con ERC para no acudir juntos. Si acaso, SI deja menos clara su vocación social, parece que sólo cuente la independencia. En esa tesitura sólo se puede especular que SI tal vez se presente para asegurarse algún escaño, cosa que diría bien poco en su favor y respecto a su sentido de país, en un momento en que debemos sumar y no restar votos para la izquierda independentista.

A ICV-EuiA no les voy a discutir su izquierdismo, pero su discurso independentista me parece tibio y, por ende, ambiguo (quizás forzado por la composición de su electorado). Pienso que la coalición tiene un problema de identidad que debe resolver, demasiadas cosas juntas. Esto le da un cierto rédito, pero también le determina un techo muy limitado. Tal vez piensen rascar votos del PSC y quizás alguno caiga, pero me temo que los votos que van a desertar del PSC se van a dirigir a opciones independentistas más claras.

Del PSC mejor no hablo. Veremos si se hunden definitivamente o si son capaces de recrear un nuevo espacio político, por supuesto sobre otras bases y con otros nombres, dentro del futuro de la política catalana.

El resto de partidos con opciones de obtener representación encarnan los intereses de la derecha y del españolismo puro y duro. Recogeran el voto del resentimiento, el malestar y el anticatalanismo. Espero, por el bien de todos, que sea muy escaso.

El único problema de aritmética electoral sobre el que me interesa llamar la atención en este blog (que no creo que sea muy frecuentado por votantes de CiU, del PP o de Ciutadans) es el de la dispersión de los votos de la izquierda independentista en unos momentos en que necesitaríamos la mayor fuerza y unidad posible para hacer frente al Estado español, a la política neoliberal de CiU, y para transmitir un mensaje inequívoco a Europa y al mundo respecto a nuestra voluntad. No se trata de si las CUP o SI sacarán algún parlamentario o no. Se trata de los que en todo caso se pierden.

Tenemos una nefasta ley electoral que castiga a las fuerzas pequeñas y favorece a las grandes, trasvasándoles además los votos, la energía, de las primeras, si no salen. Frente a esta situación, combinando varias encuestas, entre ellas las del CEO y el CIS, resulta que, aun con los mejores resultados de SI y-o las CUP, sumándolos a los de ERC, podríamos obtener un frente independentista de izquierdas, de, como mucho, 17 o 18 escaños entre todos, equiparable al PP, repito: entre todos. En cambio, si los votos independentistas de izquierda fueran todos a Esquerra Republicana, este partido obtendría fácilmente 22 o 23 escaños -con los mismos votos pero concentrados en una sola opción-, con lo cual se convertiría claramente en la segunda fuerza política y con una importante capacidad de control sobre CiU, especialmente si esta no obtenía la mayoría absoluta y teniendo en cuenta las divisiones internas de la coalición, y las posibilidades, en cambio, de trabajar conjuntamente, después de las elecciones, con Iniciativa per Catalunya, lo que nos llevaría -por lo menos en determinados aspectos-  a los 34 o 35 escaños.

La ley electoral no está bien, el voto útil  está muy desprestigiado, pero jamás hemos vivido una situación histórica como ésta y no la podemos dejar escapar, tenemos que dar un mensaje claro a la derecha, al Estado español, a Europa y al mundo. Y, además, ayer se vió con toda claridad en la manifestación de Barcelona, no podemos dejar las manos libres a CiU para que siga acabando con nosotros a base de ajustes y recortes. No podemos permitir que se pierda un solo voto para que vaya a parar a la cuenta de nuestros verdugos.

Mi voto no será un voto útil sino de convencimiento, pero, aunque no fuera así, pienso que en la guerra como en la guerra y que debemos estar todos en una misma trinchera -y, como tal, no hay otra que la de ERC- para luchar con uñas y dientes por la independencia y la justicia social y conseguirlas más pronto que tarde. Podemos hacerlo. De nosotras y de nosotros depende. Todos somos mayores, conocemos la fuerza del enemigo y sabemos contar…

Programa electoral completo de ERC:
http://www.esquerra.cat/documents/c2012_programa-2.pdf

dimarts, 13 de novembre de 2012

14 Noviembre 2012, Huelga general.




dissabte, 10 de novembre de 2012

Carta de Catalina Valverde a un amigo gallego

“Amigo Javi,

A ver si sé explicarte de manera clara y sin líos todo lo que llevo en la cabeza con respecto a la independencia de Catalunya. Te voy a explicar cosas que quizá son inconexas pero que, en su conjunto, te darán una idea general.

A ver por dónde empiezo...

Bueno, empezaré por decirte que el tema independentista, hoy en día, no es tanto una cuestión identitaria como económica. Siempre ha habido un pequeño poso de independentismo, pero muy leve. La crisis y los bocazas del gobierno, y su falta en cumplir los compromisos con Catalunya se han encargado de hacer el resto. Vamos, que el PP es una fábrica de independentistas.

Que en Catalunya no sólo hay catalanes de pura cepa (son los menos), sino gentes venidas en los tiempos de la inmigración, de todas partes de España: andaluces, gallegos, murcianos y un largo etcétera. No se les ha regalado nada, porque nadie regala nada, pero han tenido oportunidades  y se han quedado... y no nos hemos peleado. Yo soy nieta de andaluces, por ejemplo y jamás, jamás, ningún catalán de pura cepa, me ha mirado por encima del hombro. Aquí hay convivencia.

En la escuela, la enseñanza que me dieron sobre la historia de España se limitó a los Reyes Católicos y Cristóbal Colón, y poca cosa más. Por lo tanto, como que ni soy universitaria ni he estudiado la historia de Catalunya, no te puedo dar ninguna explicación absolutamente cierta de si Catalunya fué reino o no. Y es más, si oyes a los de la meseta castellana dicen una cosa y los de aquí dicen otra... así que no puedo dar una opinión cierta ni defender nada. Pero sí que pienso que si tanto en Galicia como en el País Vasco, como en Catalunya hay un idioma que nos es propio (y por algo somos las comunidades históricas), alguna diferenciación debería haber con el resto de España ¿no te parece?

Desde los sucesivos gobiernos de España siempre se nos ha denostado, nos han llamado llorones, prepotentes y lo que les ha venido en gana, faltando muchas veces a la verdad. Naturalmente, el resto del país, las personas, se lo han ido creyendo. Tú sabrás, como yo, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad ¿a que sí? ... Pues eso.

Y ahora más cosas que se me vienen a la cabeza: Habrás oído hablar del agua del Ebro que "los catalanes preferimos tirar al mar antes que repartir a otras comunidades" (¡qué malos que son los catalanes!). Pues bien, mira por donde tengo un consuegro que es de uno de los pueblos del delta del Ebro, y un día le pregunté qué era lo que pasaba, y me dijo: Mira, el río Ebro, cerca de la desembocadura, a ocho metros de profundidad, el agua es salina porque no recibe suficiente volumen de agua como para vencer al mar. Si en su camino se va vaciando de agua, en poco tiempo desaparece el río y el Delta del Ebro. Eso es lo que pasa... Pero claro, eso no lo explican desde el gobierno, se limitan a machacar lo malos que somos los catalanes, no les interesa decir la verdad.

Otra cosa: En julio del 2010 salimos a la calle un millón de personas, en Barcelona, en protesta por nuestro Estatut. Se hicieron unas modificaciones, aprobadas por el Parlament y luego por las Cortes. Llegó el PP, denunció, y lo que se había aprobado se echó para atrás. ¿Eso es democracia?... ¿Eso es respeto a las instituciones catalanas?... Con esto la gente empezó (empezamos, que yo soy independentista de hace dos días) a calentarse con el independentismo.

Más cosas: de un total de un 100% de inversiones que tenían que hacerse en Catalunya en el 2011, sólo se ha invertido el 36%, mientras que en otras comunidades (Madrid), se invirtió el 110%, o sea que no es que no haya dinero sino que se nos maltrata. Y no es que no queramos que Madrid esté bien... ES QUE NOSOTROS TAMBIEN QUEREMOS ESTAR BIEN, QUE PAGAMOS Y MUCHO.

Más: Desde que se inventaron las autonomías, el Estado adeuda a Catalunya un montón de dinero, cuya cifra no recuerdo y no me la quiero inventar, pero que si nos lo devolvieran, Catalunya no tendría déficit o al menos, no tendría el déficit que tiene.

¿Qué ha pasado con el déficit de Catalunya?: Muy sencillo, que si no llegaba el dinero de Madrid para pagar salarios, proveedores, subvenciones o subsidios, se tiraba de préstamos bancarios, ya que a la gente había que pagarla puntualmente, CUANDO NOSOTROS YA HABIAMOS ANTICIPADO ESE DINERO A MADRID.

Como que ya no se tiene crédito, por lo visto, según oí, existe un fondo de liquidez autonómico, que supongo que será como una hucha para emergencias, de las autonomías. Pues bien, el mes pasado la Generalitat pidió dinero de ahí, y como que "nos llegó tarde", hay  que pagar (no te lo pierdas), una multa a la Seguridad Social de ¡¡¡VEINTICUATRO MILLONES DE EUROS!!! No hay derecho.

Catalunya es, junto a las Baleares y Madrid, quien más aporta al Estado. Ignoro qué ocurre en las Baleares, y en cuanto a Madrid, imagino que como muchas empresas tienen sus sedes sociales en Madrid, cotizarán ahí.

Querido Javi, el problema del independentismo es una cuestión de dinero (sí, los catalanes peseteros, como si las cosas se pagaran o se hicieran con el aire), no es que nos queramos separar de las personas del resto de España. Yo no, al menos... y mucha gente que yo conozco, tampoco. 

El idioma, otra cosa... ¿por qué han de ningunearnos con el idioma de aquí?... Yo quiero que convivan el castellano y el catalán, al mismo nivel, porque son mis dos idiomas, y estoy orgullosa de ellos. ¿Qué tiene que decir el papanatas del Wert que hay que españolizar a los catalanes? ... ¡Que se vaya a su tierra y nos deje tranquilos!

Cuando aquí se eliminaron las corridas de toros, se lió la de Dios es Cristo... pero hace ya muchos años que se eliminó esa práctica en las islas Canarias, yo no oí nada... ¿Por qué no nos dejan tranquilos?

Y como esto, te iría desgranando un largo rosario de cosas que molestan y que hace que cada vez haya más independentistas. Te pondré un ejemplo, imagínate que vives con tu familia, a la que le entregas tu salario, y tu familia te lo administra. Y te dice que te dará tanto al mes, para tus gastos, y que el resto es para la familia. Tú dices que bueno. Pero llega el día y te dicen... oye...  que te pagaré más tarde... y además, te daré menos.... Y tú le dices... oye, pero es que yo tengo compromisos, y he de pagar... Y te contestan... oye, siempre estás llorando, pesetero, más que pesetero, que sin nosotros no podrías vivir... Y esto un año y otro... al final les dices... ¿sabéis que os digo?, que me voy, que me quedo mi dinero y que os den morcilla.  Y dice la familia... oye, oye... no seas idiota, que sólo no vas a poder vivir, ven que hablaremos... Y el otro, el tonto, les dice: ¿Ahora queréis hablar?... ¿Para qué?... ¿Para que volváis a hacer lo mismo? Pues no, me marcho. Es esto, Javi.

¿Que no podremos pagar las pensiones?... ¡¡CON SOLO EL DINERO QUE ENTREGAMOS A MADRID PODRÍAMOS TIRAR MILLAS!! Evidentemente, los primeros años serían duros porque habría que reorganizarse y hacer convenios con otros países, etc. Tampoco íbamos a atar los perros con longanizas, no soy tan ingenua, pero necesito, quiero creer en una mejor sociedad, y con los gobiernos que tenemos, lo llevamos mal. La alternativa a la independencia es quedarnos como estamos. Y la verdad es que la idea no me seduce nada.

Y ahora te hablaré del gobierno catalán. CIU es la derecha catalana, que como tal, mira para sus intereses, pero desde luego no es lo cavernícola que es el PP, ni mucho menos. De todas maneras, yo no les votaré, que lo sepas. Votaré a un partido de izquierdas, independentista, que todavía estoy por escoger.

Bien, Artur Mas, en su programa electoral, llevaba como promesa estrella el Pacto económico con el gobierno. Se trataba de pedir una "rebaja" en lo que Catalunya aporta al estado, y ya sabes que se le dió un rotundo NO. Días antes salimos el millón y medio de personas, de catalanes (aquí es catalán todo aquél que vive y trabaja en Catalunya), a los que nadie nos obligó a salir a la calle, en demanda de la independencia, producto del cansancio de años y años de sentirnos ninguneados.

Artur Mas llevaba una bala en la recámara, que éramos la gente que salimos a la calle. A su regreso, disolvió el Parlamento porque dijo que aquello que había prometido no podía llevarlo a cabo (el pacto económico). Ni Mas ni CIU nunca han sido independentistas, pero ahora se encuentran con una patata caliente en la mano, y algo tendrá que hacer. Muchos dicen que con los recortes había perdido peso y que ahora se sube al carro del independentismo. Es posible. Pero creo que ha hecho algo que Rajoy también tendría que haber hecho. Rajoy ya sabes que prometió el oro y el moro, no paro, no Iva, no, no, no... y está siendo sí, sí, sí... Rajoy entiendo que debiera dimitir, y no lo hace. Mas sí lo ha hecho, y también se le critica... MI opinión es que ha hecho bien, a pesar de que yo no le votaré.

No toda la población catalana está a favor de la independencia, aunque día a día y gracias a las cagadas del PP, se van sumando más personas. 

Y, vamos a ver… ¿por qué no dejan hacer un referéndum?... ¿Será que tienen miedo de que la "joya" de la corona se vaya y los deje en calzoncillos?... Porque, visto lo visto, no creo que sea para protegernos, cuando nunca jamás hemos sentido simpatía de parte de los sucesivos gobiernos...

Ahora quieren "hablar"... ¿ahora?... ¿después de más de 30 años?... Mira, no, ya se nos ha acabado la paciencia.

Y podría seguir con la gente de aquí, ese 28% de niños que están por debajo del umbral de la pobreza, que sólo comen lo que se les da en los comedores de la escuela.

Así que ni somos más guapos ni más listos (como me dijeron por el facebook). Estamos hasta los cojones.

En otra ocasión, intentando dar explicaciones me colgaron a continuación de mi comentario (en el face también), las corruptelas de algunos políticos catalanes, y la relación que mantiene el Barça con los emiratos árabes.... ¿Y eso qué tiene que ver?... Señores, no estáis entendiendo nada, confundís las churras con las merinas... Pero no hay forma Javi, la gente NO quiere entender, y no me cabe en la cabeza. Y por eso te agradezco infinito que, al menos, hayas intentado comprender, directamente, de una ciudadana de a pie, lo que pasa en Catalunya.

Naturalmente, tú puedes interpretar lo que he escrito como tu razonamiento te dé a entender, pero puedo asegurarte que lo que he escrito "va a misa". Y habrá personas que consideran que todavía podemos aguantar indefinidamente, y otras, como yo y unos cuantos más, que estamos hartos de aguantar.

Un abrazo y repito, gracias.

Catalina Valverde


PD.
En mi escrito anterior no pude darte la cifra que adeuda el gobierno español a Catalunya, que, aun sabiendo que era muy alta, no me acordaba de la cifra y preferí no dar números que no fueran ciertos.

Casualmente, esta mañana, en una tertulia en la que intervenía Manolo Millán, que fué del PP y que se salió porque es una persona coherente, se ha dicho que la deuda anual del gobierno con Catalunya es de (agárrate) 16.000.000.000 de euros. Multiplica esto por los 34 años de autonomías, y te dará un resultado de 544.000.000.000 de euros. Una cifra que marea, ¿verdad? 

No sólo es la deuda que va aumentando año tras año, sino que si el gobierno hubiera cumplido sus acuerdos con Catalunya, no sólo no seríamos la comunidad más endeudada, sino que, además, al tener este dinero en su momento, nos hubiera permitido invertir en Investigación, en carreteras, en la industria... y no nos pasaría, como ahora, que en las escuelas públicas no se sustituye a un maestro enfermo hasta que no hace quince días de baja, con el consiguiente deterioro de la enseñanza. Y esto es solo un ejemplo.”


dimecres, 7 de novembre de 2012

Verdades como puños

Vivimos una situación inédita en la historia de la humanidad: una ofensiva del capital que pretende quedarse absolutamente con todo. Esta no es una situación pasajera de la que nos vamos a recuperar. Al contrario, la situación dista mucho de haber tocado fondo y no lo hará hasta que toda la riqueza quede en manos de una reducida plutocracia -de los ricos extremadamente ricos- y la gran mayoría de la población quede reducida a una situación sustancialmente asimilable a la esclavitud  o a la servidumbre. De momento en Europa, después ya veremos. El objetivo final parece ser el dominio de todo el planeta para su exclusivo uso y disfrute. No hay ninguna esperanza de que las cosas cambien por su propia evolución.

A esa sumisión de la mayoría de la especie humana al capricho de unos cuantos no hay ninguna fuerza que se le oponga. Los políticos, en algunas ocasiones, forman parte ellos mismos de esta minoría plutócrata. Sin embargo, lo más habitual es que se comporten como una casta, que mantiene sus privilegios a cambio de ejecutar las políticas de genocidio gradual impuesta por los verdaderos gobernantes en la sombra: recortes de sueldos y servicios públicos, recargos en todo tipo de impuestos, máximas facilidades para despedir y contratar a precios ridículos, reducción o desaparición de todo tipo de prestación asistencial… y así sucesivamente hasta llegar a extremos aún inimaginables.

Los políticos llamados de izquierda ya hace mucho tiempo que aceptaron la supremacía del capital a cambio del supuesto mantenimiento de un estado del bienestar, que ahora se ha visto que era un espejismo que el capital ha liquidado -o está liquidando-  cuando ha decidido que no le reportaba ningún o insuficientes beneficios. Ahora, toda la izquierda socialdemócrata (que patético suena ese término) se ha quedado sin discurso y sus políticos deambulan como muertos vivientes, negándose a desaparecer, haciendo esfuerzos tan descomunales como inútiles para que la población no advierta que están huecos, que no tienen nada que decir, nada que hacer.

La izquierda parlamentaria que no ha adoptado el discurso socialdemócrata es testimonial y está presa en el mismo sistema de la democracia representativa, donde no representa nada ni a nadie y se limita a oponerse, de una forma completamente estéril, a todas y cada una de las medidas que los mandatarios del capital van introduciendo ininterrumpidamente. Como si el hecho de frenar una sola de esas medidas -cosa que tampoco consiguen-, sirviera para algo más allá de ofrecerles un pobre consuelo para la inutilidad de su existencia.

Tampoco existe una izquierda extraparlamentaria organizada que sea capaz de llevar a cabo acciones efectivas, que realmente alteren la plácida vida del capitalismo y los capitalistas. Discuten, desenpolvan viejos textos marxistas o anarquistas que para poco sirven en la situación actual y se ven a sí mismos, orgullosos y felices de haberse conocido, como la vanguarda de la revolución pacífica. Contradicción en los términos en la que no parecen reparar ¿cuándo en la historia del mundo mundial ha existido una revolución pacífica?

Los movimientos sociales, si se les puede llamar así, se apuntan a la misma estrategia: desobediencia civil, no violencia activa. Al final todo queda en el no y el des, es decir, en nada. ¿En qué consiste la no violencia activa y la desobediencia civil? ¿En hacer manifestaciones -cada vez más pobres- y huelgas puntuales que el sistema tiene más que descontadas? La última manifestación que ha tenido una cierta repercusión pública ha sido la del 25 S, pero sólo a causa de los excesos desproporcionados de la policía, aún se lo tendremos que agradecer. Hubo un 15 de mayo, pero fue flor de un día, muy bonito, muy utópico, pero absolutamente inútil para cambiar el rumbo de las cosas. Las Pah trabajan denodadamente para frenar algo tan surrealista como los deshaucios en un país repleto de casas vacías y consiguen algún éxito, todo mi respeto y mi cariño hacia ellas, pero tampoco cambian el rumbo de las cosas. Como no lo cambian las organizaciones de ayuda a los más desfavorecidos, ya provengan de instituciones preexistentes o hayan surgido espontáneamente a raíz de la situación. Hacen un trabajo absolutamente necesario y admirable, sin el cual la situación de muchas personas se habría hecho aún más insostenible, pero, por otra parte, constituyen un paliativo frente a los desmanes de los plutócratas y, al contener una parte de sus efectos, fomentan también la dependencia y la conformidad.

¿Y las tan cacareadas redes sociales? Básicamente son un coro de plañideras y un lugar donde desgañitarse sin molestar a los vecinos. Véase la multitud de grupos y perfiles alternativos que pululan básicamente por facebook y twitter -y alguna otra plataforma más cool para enterados-, véanse también la multitud de publicaciones digitales, páginas, blogs y webs que proliferan en internet. En el mejor de los casos elaboran reflexiones que reciben el aplauso o la reprobación de quienes las leen, a veces con un frío “me gusta”, pero la mayoría de material que circula por el internet consciente e indignado, vamos a llamarle así, son exabruptos contra los políticos y las medidas políticas, enlaces de noticias más o menos sangrantes o de escritos y frases bienintencionadas de algún personaje ilustre que se repiten regularmente. Es necesario desahogarse y es bueno reflexionar, en un mundo donde la realidad nos llega deformada por los medios de comunicación de masas, propiedad de los mismos plutócratas, y que consiguen crear la ilusión de que las medidas económicas que se adoptan son inevitables y por nuestro bien y que, a pesar de todo, el mundo sigue funcionando con normalidad, como podemos comprobar por los concursos, los debates de famosos, las series y la Champions, … En un mundo así, internet constituye por lo menos una válvula de escape y un cierto punto de contacto con la realidad real.

Pero en internet no aparecen propuestas para la acción con capacidad de prosperar, ni organizaciones políticas que trasciendan el ciberespacio y consigan expandir sus propuestas por el mundo real. El día en que internet deje de ser un juguete inofensivo, el opio de la sociedad indignada, como le llamé en una ocasión y alguien sea capaz de organizar desde la red acciones realmente contundentes contra el orden establecido por el capital, o de llegar a una parte significativa de la sociedad y conseguir que se organice y actúe de manera eficiente para cambiar la situación desde abajo, ese día, con cualquier argumento, el gobierno cerrará o limitará drásticamente el acceso a internet.
Dan ganas de chillar: “quien no tenga la solución que se calle”. Y de empezar por uno mismo: cerrar el blog y mi perfil de facebook y twitter y alienarme encerrándome en mi vida profesional o en alguna de mis variadas aficiones que nada tienen que ver con el mundode la política, o ambas cosas a la vez. En ocasiones he estado tentado de hacerlo y la verdad es que no tengo una explicación convicente de porqué no lo he hecho, la esperanza supongo…

Desde el pasado septiembre aposté por la vía del independentismo de izquierdas (sigo con ese absurdo vocablo, izquierdas, para entendernos, le podría llamar progresista o altermundista, pero no es que se gane mucho en precisión). Yo he sido independentista desde mi adolescencia, de una forma natural, cuando comprendí que el franquismo -y con el franquismo quiero decir los padres y la OJE y el NODO y los grises…- me habían robado mi identidad colectiva. Me dí cuenta el día que cayó por primera vez en mis manos un libro de poesía en catalán. ¡Hostia! Resulta que lo que habábamos en casa y con los amigos se escribía y que yo apenas conseguía entenderlo. Me dió tanta rabia que me puse a estudiar catalán como un loco hasta que conseguí el diploma de profesor de catalán y me leí todos los libros de historia de Catalunya que cayeron en mis manos, desde Ferran Soldevila i Jaume Vicens Vives hasta Pierre Vilar y Josep Termes, Josep Fontana… y también me dediqué a recorrer Cataluña pueblo por pueblo, como si fuera Espinàs o Labordeta. De ahí surgió mi conciencia de que Cataluña era mi pueblo, en el sentido, como ya expliqué en otro post, literal de la palabra, un lugar conocido, familiar, donde me entendía y era entendido, como una prolongación de mi entorno inmediato. No sentí la urgencia de, por esa razón, separarme de España, por una parte porque terminó el franquismo y con la Transición nos vendieron la idea de que venía otra España más moderna y plural, y, por otra parte, porque también viaje mucho por España y aprendí a enamorarme, no del concepto, pero sí de sus tierras y sus gentes, tal como me había enamorado de los que Candel llamó els altres catalans, que emigraron a Cataluña durante los años sesenta y con los que había compartido tantas cosas, incluyendo militancia política, amistades y amoríos.

¿Por qué pues reivindico ahora la independencia de Cataluña? Por varias razones, y en ningún caso porque haya dejado de amar a las gentes y a las tierras de España. En primer lugar porque la Transición fue una estafa, aunque, viniendo como veníamos del franquismo, tardáramos en darnos cuenta, y en ella Cataluña fue laminada otra vez, porque empezábamos a ver que España se ponía bonita, pero Cataluña siempre se quedaba para las sobras: suburbios degradantes, autopistas de peaje con la única alternativa de carreteras indecentes, un transporte público de pena y precios más caros que en ningún otro lugar, y ¡ojo! que quien más lo sufría eran precisamente los antiguos emigrantes y los que iban empezando a llegar de otras latitudes. Por otra parte, el Gobierno de la Generalitat estaba copado permanentemente por Jordi Pujol y su partido, que parecía que iba a inaugurar una nueva dinastía de condes-reyes. Se produjo al fin el cambio y el tripartito desaprovechó la ocasión, pero presentó, bajo el mandato de Pasqual Maragall un nuevo proyecto de estatuto mucho más soberanista, que, aprobado en Cataluña, fue cepillado en el congreso, según expresión de Alfonso Guerra, recurrido por el PP y otros y después completamente desnaturalizado por el Tribunal Constitucional. ¡Un estatuto que no planteaba ninguna secesión y que había sido democráticamente votado por el pueblo catalán en referéndum! Por si esto fuera poco, el PP y no recuerdo si también otros, recurrieron también la ley que permitía la inmersión lingüística en la educación catalana, una ley que garantizaba el correcto dominio de ambas lenguas y, por tanto, en la práctica, permitía al hijo de mi amigo emigrante andaluz de los años sesenta vivir en catalán, si le daba la gana, como cualquier otro catalán de rancio abolengo, incluso hacerse independentista. Jamás comprendí tamaña estupidez por parte de la derecha española.

En esto llegó la crisis, el tsunami capitalista, y Cataluña empezó a sufrir también de manera diferencial, porque todo lo que se había dejado de invertir en ella se convertía ahora en un flagelo y además Cataluña debía seguir contribuyendo muy por encima de sus posibilidades al rescate de una España, intervenida de facto desde el primer momento, es decir, a la recapitalización de los bancos y de oscuros personajes e inmobiliarias fantasmas que, en su inmensa mayoría, tampoco procedían de Cataluña. Cuando la solidaridad empezó a ser solidaridad con Caja Madrid o con Martinsa Fadesa, con Terra Mítica y con Polaris World, se empezó a ver como un expolio. Cuando el gobierno del Partido Popular llegó al poder y empezó a tomar decisiones no sólo intolerables para toda España sino abiertamente discriminatorias con Cataluña como la desatención de infraestructuras de primera necesidad o la insistencia, afortunadamente desoída por Bruselas, de postergar el corredor del Mediterráneo, vital para la economia -no sólo catalana-, para apoyar por lo menos por igual el corredor central, infinitamente más caro e improductivo. Cuando volvió a amenazar con una política de aguas que debía llevar el agua del Ebro a las especulativas urbanizaciones y campos de golf de Valencia (paralizada por la crisis), o cuando puso todas las trabas imaginables para que el aeropuerto del Prat se convertiera en un Hub internacional, la suerte estaba echada.

En septiembre, antes de la manifestación, yo ya tenía decidido que no quería tener nada más que ver  con España, es decir, con el Estado español, se puede verificar en este mismo blog. Ya quería recuperar territorialmente mi identidad, con un reconocimiento político-administrativo pleno, y me negaba a seguir sufriendo el atraco institucional del Estado español para rescatar bancos y para que, encima, Cataluña tuviera que recurrir a sus préstamos y soportar todo tipo de agravios. Se acabó, basta, prou!

Pero, además, veía una posibilidad estratégica, que he explicado repetidamente, para, aprovechando la fuerza telúrica del 11 S que arrastró al gobierno de CiU a una situación donde no le quedaba otra que convocar elecciones, intentar conseguir la independencia de Cataluña y un gobierno de izquierdas que recuperara la justicia social. Abrir una brecha en el muro del capitalismo triunfante.

Esto no se iba a producir, por supuesto, en estas primeras elecciones -que va a ganar CiU, lacayos tan aventajados o más que el PP de los intereses del capital-. La izquierda -desunida para variar- debía -deberá- presionar para que el referendum, o lo que sea, por la independencia se produzca a la mayor celeridad posible. Porque, una vez independizado el país, o incluso en el proceso de negociación de la independencia, cada cual deberá redefinir sus posiciones y -reitero- Cataluña es un país de izquierdas, donde la izquierda, si no hace más imbecilidades, puede gobernar con una cierta comodidad.

A partir de ahí se abren muchas posibilidades. Las cosas pueden ir bien o pueden ir mal, pero la batalla se producirá en un campo limitado, abarcable y que conocemos perfectamente.

Creó firmemente que, después del 25 N, las palabras deben dejar paso a los hechos en Cataluña, y si hay que partirse la cara nos la partiremos. Solventado el tema identitario, de entre todos los  catalanes, de Cuenca o de Matadepera, pero catalanes, creo que somos legión los que, en este pequeño país, no estamos dispuestos a soportar más recortes y humillaciones sin dejar la piel en el empeño. Nos dicen que tendremos que negociar no sé cuantas cosas y que no seremos admitidos en la Unión Europea… Bueno, pues mire, me da igual, quiero y creo que somos una amplia mayoría que lo queremos un país libre y socialmente justo, si es pobre y tenemos que recuperar las catalanas pessetes no pasa nada, así, a lo mejor, los señores del capital se olvidan de nosotros.

Siempre he pensado que la Revolución Cubana fue una historia bonita, me gustaría haberla vivido. Cuba se convirtió en lo que es, en primer lugar porque, presionados por los magnates que emigraron a Florida, principalmente, USA le cortó cualquier camino y la arrojó en manos de la Unión Soviética. Y después por un vergonzoso boicot comercial que, el país, a pesar de todos los pesares, ha sabido resistir.

No quiero dictaduras de ningún tipo ni tener que sobrevivir en la más absoluta precariedad -aunque ésta llegaría de todas maneras-, pero prefiero un país pobre con las prioridades (sandidad, educació, trabajo, asistencia…) bien marcadas, que no vivir alienado en una fantasía mientras me van chupando la sangre los vampiros de la especulación.

Señoras y señores, se acabó el tiempo de divagar. Hay que pasar a la acción antes de ayer. Algunos estamos intentando hacerlo por esa vía, puede fallar, hay que preparar otras, pero ya, basta de chascarrillos. Yo me apunto a un bombardeo y si atacamos por distintos frentes, mejor ¿Nadie es capaz de imaginar alternativas estratégicas serias?...

Aunque, eso sí, sea cual sea nuestra lucha, siempre voy a exigir el derecho a decidir para mi y para mi pueblo, faltaría más.