divendres, 11 de setembre de 2015

HARTO DE TANTO FINGIMIENTO

Estoy harto de tanta demagogia, de tanta falsedad, de tantos discursos y consignas para engañar al pueblo, o intentarlo. Ya estamos acostumbrados a que todo esto se produzca por parte del Estado y de los grandes partidos, a que nos digan que estamos superando la crisis y sigamos sin trabajo ni dinero, por ejemplo. Pero que a estas prácticas se hayan añadido formacions de nuevo cuño que se presentan como adalides de la regeneración y de la justícia social, tiene delito.

Ahora, frente a la elecciones del 27 S en Cataluña, esos nuevos supuestos movimientos de izquierda se desgañitan proclamando que el problema no es si independencia sí o independencia no sino resolver los enormes socavones del Estado del Bienestar. Naturalmente que el problema es éste, pero ¿cómo lo vamos a resolver sin independencia? ¿Qué esperan?, ¿que la solución venga del Estado español? ¿No tienen suficientes muestras de como actúa el Estado español y de como ha castigado particularmente a Cataluña y a los catalanes, se llamen Arnau, Pepita o Mohamed? Claro que sí, lo saben perfectamente. Están utilizando estos argumentos con la misma lógica de cualquier partido convencional: obtenir su cuota de poder. Porque, por supuesto, el Estado español no va a cambiar, después de diciembre gobernarán el PP o el PSOE con las muletes necesarias ¿qué más da?, cuestión de matices. Y el monstruoso aparato del Estado seguirá vigilante por encima de nuestras cabezas como la nave de Independence Day. Esto lo sabe hasta Pablo Iglesias.

El proceso para alcanzar la plena justícia social, la democràcia participativa y la transparència política en Cataluña tiene dos grandes fases o momentos. La primera es conseguir un Estado independiente, donde todos los catalanes podamos decidir sin interferencias orgánicas. La segunda, punto y seguido de la primera, es elegir ya libremente a los representantes de nuestro parlamento de acuerdo con nuestra ideologia. Sin Estado propio no hay justícia social. Por eso ahora, en las elecciones del 27 S, no se dirimen las cuestiones del Estado del Bienestar (¿para qué?, si continuamos en el Estado español ya sabemos a qué atenernos), sino si vamos a constituir un Estado propio sí o no. Se quiera o no se quiera son una elecciones plebiscitarias que sustituyen al referèndum que el Estado español -cómo no- nos ha prohibido hacer. Y aquí, en la hora de decidir nuestra voluntad de convertirnos en un Estado y regir nuestro destino dentro del oceano de la globalización, es importante que estemos todos, las derechas y las izquierdas, no porque pensemos lo mismo, sino porque solo así conseguiremos ese espacio político que nos permitirá crear un nuevo país justo y avanzado. Y esto, las características del nuevo país, lo vamos a determinar en las siguientes elecciones (no más allà de un año o año y medio) y entonces sí que lucharemos sin cuartel por implantar todas las medidas sociales que garanticen que en Cataluña todo el mundo tenga acceso al Estado del Bienestar, y desparezcan las lacras sociales y los privilegios. Desde mi radicalidad soy el primer interesado en verlo. Pero si no disponemos de un Estado, si no podemos decidir por nosotros mismos, todo eso va a quedar en agua de borrajas. Todo van a ser cuentos chinos. Por eso ahora no hay que confundir los objetivos y hay que votar a cualquier opción que se manifieste a favor del sí.

“Primero la justícia social”, dicen. Pero ¿cómo?, ¿cómo?!!!... Esta elecciones no van de justícia social sí o no, van de tener Estado propio o continuar siendo una autonomía maltratada por el Estado español. Los que proclaman “primero la justícia social” se están agarrando a una bandera fácil, demagógica però eficaz, para mantener u obtener sus cuotas de poder. No piensan en términos generales en el bienestar futuro de la Sociedad catalana. Porque, si el 27 S gana el no, el Estado español no sólo nos va a seguir machacando como hasta ahora, si no que va a acrecentar su política de aniquilación social y política de los “rojos separatistas catalanes”. Ya lo vivimos, cruentamente, cuando Franco proclamó en Burgos que “vencido y desarmado el ejército enemigo, la guerra ha terminado”. No sostengo que vaya a darse ninguna represión cruenta, por supuesto, pero si que podemos enfrentarnos a una travesía del desierto peor, aunque más refinada, que la del franquismo, a una versión carpetovetónica de “cien años de soledad”


Por todos nosotros y por los que vendrán, votemos sí. Ahora, en este momento, sólo se trata de eso.

Llorenç Prats

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