dijous, 23 de febrer del 2012

No hay atajos

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Esta ofensiva de los poderes económicos ha venido para quedarse. Ellos vieron en un determinado momento que otro mundo era posible y se pusieron manos a la obra. Un mundo fundamentalmente privatizado, donde todo, sin excepción alguna, es mercancía: el trabajo, la vivienda, la educación, la salud, las pensiones… todo se compra y se vende y cada cual se paga lo que se puede permitir. ¿Usted es útil para producir riqueza, para darnos beneficios? Pues le pagamos en función de la capacidad de hacernos más ricos que usted tenga. Y si realmente es usted un chollo para la corporación, la empresa, los socios, los accionistas… no se preocupe porque cobrará salarios y beneficios para vivir bien, se podrá pagar un buen seguro médico, comprarse una casa en un barrio elegante, mandar a sus hijos a las mejores universidades y hacerse un buen plan de pensiones para cuando se jubile… Pero prepárese, porque en el momento en que deje de ser rentable, usted, que también es una mercancía, se va a la calle. Más vale que haya aprovechado bien su tiempo y haya sido previsor. ¿Qué usted no es un vendedor agresivo, un broker perspicaz, un profesor brillante, un médico con excelentes resultados, un abogado voraz que gana pleitos a mansalva… bueno, hay muchas otras ocupaciones en la industria, el comercio y los servicios para los medioinútiles como usted. Quizás no se podrá pagar un seguro médico que le cubra grandes operaciones y vivirá en un suburbio, sus hijos tendrán que ir a las escuelas y universidades públicas, que son de mierda ya se sabe, pero si sobresalen en el deporte o son genios que auguren futuros y cuantiosos beneficios, tal vez consigan una beca para ir a una universidad de verdad. Eso sí, no olvide el plan de pensiones porque sino, cuando sea viejo, se va a quedar en la calle, sólo y enfermo, o tendrá que pedir asilo en casa de sus hijos, que, si no les ha ido mejor, vivirán como usted, o se emplearán en el sector público, que siempre es una posibilidad, como policias, como soldados… ¿Peligroso? Sí, pero ya se sabe, en catalán se dice per la vida es perd la vida. Una porquería de vida, cierto, pero es la suya, que le vamos a hacer y, si no tiene un especial talento o no viene de una familia rica ¿qué más quiere? No somos nazis, no le mandaremos a una cámara de gas. Rece. O acérquese a alguna fundación benéfica, esta es una sociedad muy caritativa y siempre le echarán una mano.
Nuestro nuevo mundo es perfectamente reconocible, es América, los Estados Unidos de América, y lo tenemos cada día en la pantalla del televisor. Ahí es donde vamos, imparablemente, y, como en América, los Estados Unidos de Europa (que quién sabe si llegarán a existir nunca como unidad política pero a estos efectos es lo mismo) tendrán  sus regiones ricas y sus regiones pobres, sus regiones industriales y sus regiones de servicios. Y los talentos migrarán de unas zonas a otras a vender sus habilidades al mejor postor y el que no tenga talento, ya sabe: policía, militar, basurero, maestro de barrio, o cualquier otro menester mal pagado. También aquí vamos por el camino de que cada quien tenga la sanidad, la educación, la casa, la vejez y el nivel de vida que se pueda permitir, que pueda pagar a las empresas que presten esos servicios. Para eso hay que eliminar el sector público o reducirlo a la mínima expresión. Ya se está haciendo y ya van surgiendo empresas privadas que ocupan su lugar. De hecho, se trata de generalizar lo que ya existe. ¿Desde cuándo se puede sacar un título MBA, o sea de administración de empresas, si no es en una escuela especializada y pagando una pasta? -y esto sucede cada vez con más especialidades- ¿Desde cuándo los ricos si no tienen complicaciones muy gordas -que entonces sí- acuden a la sanidad pública? ¿Y a la escuela pública? ¿Y fían sus pensiones a la seguridad social?... Esto está asentado aquí hace tiempo, lo que pasa es que el sector público continuaba manteniendo un estado del bienestar, el sueño socialdemócrata para la sociedad capitalista, para todas y todos. Y los trabajadores y las trabajadoras, unidos en los sindicatos, pactaban unas condiciones que limitaban la libre explotación de la mano de obra sin traba alguna. Con lo que están acabando es con todo eso. Si fuera conspiracionista diría que la crisis la han provocado expresamente para provocar esta situación. Como no lo soy, diré tan sólo que les ha servido como magnífica coartada.
Porque, si se tratara tan sólo de regular una situación de despilfarro y de deuda, esto se negocia, se aplaza razonablemente en el tiempo y se recupera la situación anterior. Pero no, esto no se va a acabar. Si alguien pregunta ¿cuándo va a acabar la crisis? La única respuesta sincera es “nunca”. Se va a regularizar la situación, seguramente se van  a buscar soluciones para las heridas más sangrantes, como las tasas brutales de desempleo en países como el nuestro, la situación de miseria a la que se está reduciendo a Grecia, o se va a intentar que se pueda saldar la hipoteca con la dación de la vivienda, porque, a quien no tiene nada ¿qué sentido tiene reclamarle una deuda aún mayor?
Y esa situación no depende ya de los gobiernos nacionales. Primero porque los políticos están al servicio de los poderes económicos. En algunos casos por interés y convicción. Otras porque si quieren seguir en el sillón al que se aferran, no les queda otra. Y segundo porque hay países pobres y países ricos, y los países pobres, como el nuestro, dependen para todo de que los países ricos no nos dejen caer y por tanto seguimos sus indicaciones al pie de la letra. Si un día surgiera un partido que intentara políticamente subvertir la situación, ya se encaragarían de que no llegara a gobernar, o sino le harían la vida imposible hasta el punto de que, o se plegaba a sus condiciones, la de los poderes económicos, o se hundía. Véase el caso de Obama en América. Lo que prometió y lo que ha hecho. Y Obama no es ni tan siquiera un socialista exaltado (el peor insulto para un político americano), sino un socialdemocrata moderadísimo, que ha acabado llevando a cabo una política liberal al uso y que se va a mantener siempre y cuando los poderes económicos no dispongan lo contrario. La democracia ya murió hace mucho en América y ahora está muriendo, si no ha muerto ya, en Europa. La plutocracia ocupará su lugar.
Ante eso no caben atajos. No podemos evitar ese tsunami ni hacer un mundo distinto. No podemos porque no depende de nosotras ni de nosotros. Lo único que podemos hacer es organizar un muro de contención lo más alto y fuerte posible, con los movimientos activistas, los partidos y organizaciones políticas y la sociedad en su conjunto, para intentar defender palmo a palmo nuestros derechos y nuestras conquistas, codo con codo, sabiendo que no vamos a obtener resultados espectaculares ni globales, y que tendremos que persistir en la lucha. Es un enorme y desigual pulso al que sólo nos podemos enfrentar unidos y unidas, con mucha coordinación y realismo entre los movimientos sociales, con una severa autocrítica y unidad de todos los partidos que estén contra la supremacía del capital y con la aportación, por mínima que sea, de todas y cada una de las personas que van a ver o están viendo su vida, la de sus hijos y la de sus parientes y conocidos más o menos gravemente afectada por las medidas que se están tomando y se tomarán. Sólo en la unidad tenemos posibilidades de resistir. Quien quiera marchar por su cuenta o predique cualquier iniciativa disgregadora, no sólo no nos está haciendo ningún favor, sino que está jugando muy a su pesar, a favor de los poderes económicos, de los mercados y de sus lacayos políticos.
La unidad y la acción coordinada es el único camino. Emprendámoslo ya porque llegamos tarde.

dimecres, 15 de febrer del 2012

Sociedad Indignada, una iniciativa global

De ésta salimos juntos o no salimos. Como era previsible, la situación sigue empeorando por momentos. La reforma laboral generaliza el despido libre y prácticamente gratuito y no va a servir en absoluto para reducir el paro en la medida en que no hay crédito, producción ni consumo. Es un disparate. Por otra parte, la Unión Europea nos recuerda lo mal que estamos y señala como puntos más críticos el paro -como si no lo supiéramos- y la deuda privada, o sea que, encima, la población de a pie vamos a ser los responsables de la debacle económica porque estamos endeudados hasta las cejas y no pagamos. Pues que alguien se vaya olvidando de cobrar porque la población está exangüe. Nuestro problema no es ya pagar las deudas a quienes con su codicia amasaron grandes fortunas, sino intentar sobrevivir cada día.
Esto, lo he dicho mil veces, no es una catástrofe cósmica, sino un atraco a mano armada donde unos se han enriquecido y se siguen enriqueciendo a costa de otros y no quieren renunciar  ni al último céntimo.
Desde hace mucho tiempo, pero por lo menos desde hace un año, o, si se prefiere tomar la fecha emblemática, desde el 15 M, la vanguardia de nuestra sociedad, formada sobre todo por jóvenes sin futuro a los que nos sumamos mucha más gente siguiendo su ejemplo, estamos denunciando esta sangría, esta merienda de negros en que se ha convertido el capitalismo. Y esto lo hemos hecho y lo hacemos en la calle, en las redes y donde encontramos una rendija.  El pasado lunes, la gente de Telenoika, aprovecharon valientemente el foro de los premios Ciutat de Barcelona para denunciar a una administración corrupta, al servicio del capital financiero y decirles a la cara que no nos representan. Hay muchos grupos y muchas iniciativas surgidas de esta vanguardia social. Quizás demasiadas. Creo que era Diego Jódar quien decía que pasamos de la anorexia a la bulimia de acciones, con un calendario tan apretado de convocatorias diversas que es difícil seguir. Txema Fuente escribía que la proliferación de grupos con objetivos muy similares hacía cada vez más difícil la coordinación. Yo ya pedía en Cosas que podemos y deberíamos hacer que nos organizásemos de una manera conjunta, que sumásemos nuestras fuerzas en una sola estructura, con todas las sensibilidades que se quiera, pero con la capacidad de encontrar denominadores comunes que nos permitieran organizar campañas a gran escala. Nada.
Pero no es esto lo que más me preocupa, pienso que cuando haya una convocatoria masiva del tipo que sea, toda la gente que estamos en estos grupos responderemos a ella y nos encontraremos, aunque sea puntualmente. Lo que me preocupa es el resto de la sociedad, personas como nosotras y nosotros pero que, por miedo, por la sensación de que no hay nada que podamos hacer para canviar las cosas, porque aún tienen algo que perder o porque ya han perdido hasta las fuerzas, las ilusiones y la confianza, se quedan en casa, van al trabajo si lo tienen, se sientan muy legítimamente ante el televisor para abstraerse de sus penas, y esperan. A veces me recuerdan las ejecuciones colectivas de cualquier genocidio al borde de una fosa común. La gente no corre, ni da la cara, ni se lía a hostias con sus verdugos… espera pacientemente el tiro en la nuca.
Pues bien, eso se tiene que acabar, porque sino se acaba, si no somos verdaderamente legión, no conseguiremos nada. Pero para movilizar al conjunto de la sociedad, para tener realmente una sociedad indignada, necesitamos organizar acciones colectivas de baja intensidad, a las que pueda sumarse mucha gente sin temor a ninguna radicalidad en las formas. Si la gente en general ni tan siquiera acude a las manifestaciones ¿cómo queremos que se una a acciones más comprometidas? Hay que hacer trabajar la imaginación y concebir acciones que, sin riesgo ni grandes esfuerzos, consigan efectos de gran visibilidad. Que el silencio de las personas que sufren tanto como nosotras y nosotros, pero desde casa, no se pueda interpretar por parte del gobierno y de los poderes económicos como conformidad o resignación.
Los mensajes que surgen de los numerosos grupos de facebook no ayudan. Si alguien se acerca a ver si puede aportar su granito de arena se debe espantar: “Huelga general indefenida”, ¡por dios! Si organizar un huelga general puntual, de un día, ya sería enormemente complicada y tendría un incierto seguimiento. La gente no se puede permitir, excepto los cinco millones que ya están en huelga forzosa, prescindir de sus menguados ingresos. Y una huelga general puntual no sirve para nada, el gobierno ya la tiene prevista. Lo dijo el mismo Rajoy. No, no es a base de proclamas incendiarias utópicas, ni de ruido en la red -hay mucho, mucho: cosas que se publican tres y cuatro veces, asuntos de lo más variopinto, mucha gente que habla y poca que escucha,  y muy poco debate sosegado- como vamos a conseguir pasar del 15 M a la sociedad indignada, como decía en mi última entrada. Debemos reunirnos personas que compartamos esa inquietud y trabajar, con imaginación y sensatez, para sumar a esta causa, que es colectiva, al mayor número de personas posible.
A estos efectos, personalmente, me propongo hacer dos cosas.
1.- Convocar una reunión en Barcelona con todas aquellas personas procedentes de nuestro movimiento, o no, que estén interesadas  en trabajar en este sentido. Estoy en ello, intentando conseguir un lugar para reunirnos.
2.- Crear un nuevo grupo en facebook: Sociedad Indignada, con dos intenciones. Una, que me sugirió José Javier Cabrera, de Valencia, para coordinarnos con otros grupos que se puedan formar en el mismo sentido en otras ciudades y territorios. Y otra, para tener un espacio tranquilo en el que podamos compartir ideas, información sustantiva, mantener debates sin exaltación , dar a conocer iniciativas alternativas que con frecuencia se pierden en el marasmo de muros donde las aportaciones de todo tipo se suceden a gran velocidad. Ya conocemos la situación: con puntuales y oportunas excepciones, no necesitamos más viñetas, ni noticias de prensa, vídeos de toutube, quejas jeremíacas o brindis al sol. La intención de este grupo será que las ideas y el debate primen por encima de todo lo demás y que nos contengamos lo suficiente para tener ocasión de leer o comentar lo que opinan nuestas compañeras y compañeros. Es un grupo para gente que procede del movimiento general del 15 M, de los indignados, pero es un grupo, también, pensado para que se puedan encontrar cómodas en él todas aquellas personas que están realmente indignadas con lo que sucede pero no se ven participando en organizaciones o acciones formalmente radicales. Cuando leáis esto, el grupo ya estará formado y os invito a todas y todos quienes os sintáis representados por esta necesidad de gran movilización social y de sosiego en las formas a participar en él, independientemente de vuestras otras adscripciones si las tenéis, y os invito a que invitéis también a  amigos, conocidos y saludados, como decía Josep Pla, a todas aquellas personas que penséis que quieren hacer algo y aquí, a diferencia de otros grupos, se pueden sentir cómodas.

                                         SOCIEDAD INDIGNADA

Parece que esté contradiciendo la reflexión de Txema Fuente, a la que me he adherido, pero no es así, la intención de esta nueva iniciativa es la misma del conjunto del movimiento del 15 M, pero sus pretensiones de movilización de capas más amplias de la población y su voluntad de moderación en las formas y en las acciones que puede propiciar, la distinguen de otros grupos. Por decirlo gráficamente, mi idea es que si un dia conseguimos reunir un millón de personas para expresarse contra las medidas del gobierno y la dictadura del capital, aunque sea en una fiesta familiar o colgando una sábana en el balcón, eso tendrá más impacto que cualquiera de las manifestaciones que hemos hecho hasta ahora, y que seguiremos haciendo. Que me demande Amaral, pero hay que mirar de frente a los ojos de nuestro vecino o vecina, o compañera de trabajo, o… y decirle rotundamente: sin ti no soy nada.

dijous, 9 de febrer del 2012

Del 15 M a la Sociedad Indignada

Está entrada tiene un carácter eminentemente pragmático. Esta en la línea de las entradas anteriores sobre la preocupación por la pasividad social y también por la necesidad de organización, información-formación, coordinación y acción, pero se se centra en proponer explícitamente acciones concretas y continuas que sean asumibles por una amplia mayoría de la sociedad, que comparte el malestar e incluso la indignación de los grupos más activos, pero no está dispuesta a asumir el mismo nivel de riesgo ni de esfuerzo que éstos, ni tan siquiera, tal vez, se sienta lo suficientemente motivada, o convencida de su eficacia, para acudir a una pacfica manifestación.
Intenté explicar por qué sucedía esto, a mí entender, en la entrada titulada ¿Por qué no se moviliza la gente? , pero, trascendiendo aquella reflexión, aquí quiero proponer que, más allá de los grupos surgidos del 15 M  y de sus precuelas y secuelas, la sociedad en general, el pueblo, integrado por todas aquellas personas mayoritariamente y directamente perjudicadas por la dictadura del capital financiero y la política de recortes de todo tipo, tome la palabra, adquiera presencia y protagonismo. Los y las militantes de los grupos de la galaxia 15 M también, pero no sólo ni principalmente: toda la sociedad. Porque esto nos afecta a todos y a todas. Alguien escribía en un comentario que la gente no se moviliza porque tiene miedo, ya que todo el mundo tiene, aún, algo que perder. Hay que girar este razonamiento al reves: todos y todas debemos movilizarnos precisamente para recuperar lo mucho que hemos perdido y para no perder lo que aún nos queda.
¿Esto servirá para algo? Estoy absolutamente convencido de que sí en la medida en que se transforme en un movimiento global, no sólo de una vanguardia ni sólo de un país, sinó, por lo menos, de todo el mundo capitalista. Hay que visibilizar que la sociedad entera está harta y dice ¡Basta!  Quien calla, otorga. Y esto hay que hacerlo mediante medidas elementales pero eficaces, que no supongan riesgo ni ningún esfuerzo particular y, por tanto, puedan ser asumidas por la mayoría.
Voy a exponer tres que, a mi parecer, pueden ser simples, eficaces y mayoritarias, una continua, una periódica y una puntual.

1.- Edición y distribución masiva de chapas con las tijeras cruzadas por la señal de prohibición.  Se trataría de editar masivamente chapas con esta señal e incorporarlas a nuestra indumentaria, cuando se pueda y donde se pueda, pero lo máximo posible. Yo llevo una chapa de esas características permanentemente puesta y, aparte de no haberme procurado ningún problema y de lanzar un mensaje público en contra de la actual situación económica, ha hecho que personas de mi entorno preguntaran por ella, ya sea por cómo conseguirla o dando pie a iniciar una conversación entorno a los recortes y la política económica del gobierno y de la UE. El efecto es multiplicador. ¿Por qué esta chapa y no otra? Por su elevado  valor simbólico. Su nitidez la hace fácilmente reconocible como referente simbólico y, por otra parte, se presta a todo tipo de interpretaciones dentro del mismo campo semántico de oposición a las políticas capitalistas ultraconservadoras: no más recortes en sanidad, en educación, en servicios públicos en general, sí, pero no más recortes de nuestros derechos también, no más recortes de nuestro derecho al trabajo, de nuestro derecho a  la vivienda, no más recortes de la democracia… no más recortes, en fin, a nuestra dignidad, y así sucesivamente.  El poder de los símbolos es que no tienen un significado cerrado y por eso son especialmente eficaces aquellos que se refieren a un universo amplio donde todo el mundo puede sentirse identificado con aspectos diversos. Quienes tengan más edad, recordarán una campaña y un referente similar: las pegatinas sobre la libertad de expresión que se usaron cuando la compañía de teatro Els Joglars fue encausada por representar la obra La Torna.



Por supuesto, esto requiere un mínimo de organización, hay que editar las chapas, pagarlas y distribuirlas, declararlas libres de derechos -que los abogados nos digan cómo- para que nadie las pueda reclamar como propias. Pero esto no debe ser difícil. Las chapas deben ser lo más baratas posibles, pueden producirse en uno o más centros del país y distribuirlas en cajas a quienes puedan financiar inicialmente un cierto número (cien, mil, diez mil…) y desde cada punto distribuirlas, regalando, vendiendo a precio de coste o vendiendo a la voluntad para financiar más chapas. La idea sería, en un plazo no muy largo de tiempo, chapear el país.

2.- Apagones selectivos para conmemorar doce meses de luto. Había pensado inicialmente en 55 semanas de luto, pero temo que esto disminuyera el seguimiento, lo dejo abierto. Si conmemoramos doce meses de luto, vamos a dedicar cada mes a un tema: luto por el empleo, luto por la sanidad, luto por las pensiones, luto por la vivienda, luto por la educación, luto por la democracia, etc. Y, por lo menos -se pueden unir otras acciones relacionadas con el luto del mes a ésta-, vamos a hacer un apagón total de luces un día determinado del mes, el 12, por ejemplo, el día en que Zapatero anunció el primer paquete de medidas contra los derechos de la población y el estado del bienestar, o el 15, como fecha conmemorativa del 15 M. Cinco minutos de apagón total, a las diez, o a las once de la noche, por ejemplo (una hora antes en Canarias y si se hace en otros países a la hora que les convenga), en todas las casas, establecimientos, en el alumbrado público de las instituciones y ayuntamientos que se apunten. Cinco minutos no es nada, pero, aparte de los efectos colaterales que pueden tener en las eléctricas, que en este caso no es el objetivo, es una forma condunte, si se sigue de forma masiva, de visualizar que, efectivament, somos muchos y muchas más de lo que dicen y quieren. Imaginad la fuerza y los ánimos que puede dar asomarse a la ventana y ver en la vecindad cada vez más casas con las luces apagadas en ese día y hora. Que si el primer més hay pocas, los vecinos pregunten y se vayan añadiendo… un mundo que se manifiesta cada més con cinco minutos metafóricos de oscuridad.

3.- Celebración de la primavera con un lanzamiento masivo de globos. No todas las medidas tienen que ser tristes, podemos manifestarnos también el conjunto de la sociedad con una actividad lúdica y positiva. El domingo 22 de abril, a las 12 del mediodía, vamos a organizar convocatorias por todo elpaís, por toda Europa o por todo el mundo si es posible, a partir de grupos locales o territoriales, para reunirnos en la elevación más próxima, cada cual con un globo con una pegatina o un papelito en el que haya escrito un lema, un pensamiento sobre la situación que vivimos y vamos a soltarlos todos a la vez al cielo para que vayan a parar donde los lleve el viento y sean recogidos por otras personas. Que sepamos que alguien, no sabemos quién ni desde dónde, está pensando en todos y todas, en ti y en mí, y nos manda un mensaje: temo el silencio de los buenos, escribiré yo siguiendo el lema de un grafiti que corrió por la red y que he hecho mío, y que cada cual escriba lo que quiera, miles de mensajes volando por los cielos y llegando a manos de no se sabe quien. Eso requiere también una cierta organización, para montar los grupos, para disponer de globos que vuelen, para asegurarnos de que no suponga ningún problema de seguridad… pero no parece nada complicado y es una ocasión lúdica de encontrarnos y manifestarnos, de niños y niñas hasta mayores y compartir además la alegría de estar juntos y todo lo demás que la situación, la voluntad y la imaginación conlleven.

Lo dejo aquí, son sólo tres ideas entre centenares, pero lo importante ahora no es simplemente lanzar ideas, sino llevarlas a cabo para convertir a la sociedad, a la población, en protagonista activa de un proceso en el cual parece que sólo se le ha reservado el papel de víctima.
Ahora, si estas propuestas os parecen pertinentes es hora de ponerse a trabajar para hacerlas posibles ¿Quién puede aportar qué recursos? ¿Solucionar qué trámite? Vamos a encontrarnos por lo menos grupos de personas dispuestas a llevarlas a cabo y hablamos. Manifestaros aquí, o en facebook, y crearemos eventos en las distintas ciudades y poblaciones. Necesitaremos locales para encontrarnos, quien pueda que los ofrezca. Hagamos que eso, si os parece y como os parezca, sea el inicio de la transición del 15 M a la sociedad indignada. Una transición que no es en ningún caso la substitución de una cosa por otra, sino  una adición, la integración de todo un pueblo agredido en sus más elementales derechos y en su dignidad. Y si las propuestas os parecen oportunas, tomad este texto y pasarlo, es vuestro, son vuestras, de todos y todas, yo sólo lo lanzo¡Vamos allá!


dimecres, 1 de febrer del 2012

Palabras, palabras, palabras.

El pasado sábado estuve en la manifestación de Barcelona. Bien. Había gente, no sé si más o menos que en otras ocasiones, pero, en Barcelona, cuando la Vía Laietana está llena y hay gente por delante y por detrás, se puede hablar de un éxito de convocatoria. Si un día llenamos el Paseo de Gracia, hablaremos de manifestación multitudinaria. Al día siguiente, la manifestación salía en los periódicos, sin demasiada relevancia, como una noticia más, casi de rutina. El lunes ya ni se acordaban de ella. Tampoco generó ningún debate en los medios ni vi ninguna columna de opinión al respecto, quizás la hubo.
Yo mismo había estado diciendo que necesitábamos una manifestación para reencontrarnos, para saber que seguiamos ahí y, en este sentido, de alguna forma cumplió su cometido. Fue un pequeño acto catártico, hicimos algo. Pero ¿y después?
La semana pasada publiqué una entrada hablando de cuatro aspectos que, a mi parecer, debíamos abordar con urgencia y contundencia: la organización, la información-formación, la comunicación y la acción. Recibí un buen número de feedbacks que mayoritariamente se adherían a mis tesis o complementaban algún aspecto y ya está, ahí quedó la cosa. Tuve un comentario en facebook que venía a decir que no me enteraba de nada, que había grupos que se reunían y donde se estaban decidiendo cosas y que lo que tenía que hacer era apuntarme a uno de estos grupos. A las pocas horas, el comentario desapareció.
Esto me dejó preocupado por dos razones: ¿Realmente hay grupos en los que se deciden cosas?, aparte, entiendo yo, de los grupos locales o los de internet. Y, si es así ¿por qué no lo sé? ¿Se trata de grupos sólo para iniciadas e iniciados? Y aún peor: si deciden cosas ¿qué carajo deciden? Porque no se nota nada (más allá, se entiende de acciones puntuales y muy oportunas mayoritariamente relacionadas con los deshaucios).  Y, por otra parte ¿por qué desaparece el comentario?, precisamente ese comentario. Es algo que me desconcierta.
Después me llegan noticias de que al amparo más o menos del Fòrum Social Català se van a reunir durante tres meses grupos temáticos, en principio abiertos, pero discretos, por lo que veo. Parece que la organización Agora, surgida del 15 M, también se reune discretamente. También me invitaron a un foro, este no sé si discreto por mumble y supongo que deben funcionar muchos otros grupos y reuniones igualmente discretos.
Todo ello me parece perfectamente lícito y respetable, pero también perfectamente inútil ¿Se puede saber a qué estamos jugando? ¿Para qué tanto grupo y tanta discreción? Entiendo que Anonymus sea no sólo discreto sino incluso clandestino por la naturaleza de sus acciones, pero nosotras y nosotros, la parte más rebelde y activa de la ciudadanía pacífica, legal y a cara descubierta ¿de qué nos tenemos que esconder? ¿No estamos pidiendo que el conjunto de la población se incorpore a la lucha contra la dictadura del capital financiero? ¿No tenemos la situación más que diagnosticada? ¿No son las acciones que vamos a llevar a término lo único que se tiene que hablar? ¿Entonces…?
Mientras nosotras y nosotros hablamos, como si estuviéramos a medio camino entre la clandestinidad y el ateneo, y organizamos una manifestación de vez en cuando, ellos actúan, cada día. Hoy, entre otras lindezas, hemos sabido que el liberal ministro Ignacio Wert se va a cargar la asignatura de Educación para la Ciudadanía  (y además con malas artes) ¿para qué quieren ciudadanos, para que les den quebraderos de cabeza?; también hemos sabido que Arias Cañete va a revisar la ley de costas, se supone que para que los ricos y las cadenas hoteleras puedan construir cerca del mar, y la de trasvases, para llevarles agua, además de la de la calidad del aire “para hacerla más realista” y no sé cuántas cosas más; Mato parece que se está planteando el copago y qué hacer con la píldora del día después (cargársela ¿ para que nos vamos a engañar?). También se ha decidido seguir finanaciado con dinero público a las entidades bancarias que se refusionen (se debe decir así, porque fusionadas ya están). Y lo que debe estar por venir cuando Rajoy teme (sus adláteres ni eso) que los sindicatos (¡los sindicatos!) le monten una huelga general.
Y nosotras y nosotros hablamos. Pues no, es el momento de pasar a la acción, lo único que hay que hablar es qué acciones se llevan a cabo y hacerlo de forma sistemática, aunque sean acciones de menor calado pero constantes, cada día o cada semana como mínimo, y todo el mundo a la una, no por grupos ni por sectores o, por lo menos, además de lo que puedan hacer grupos y sectores concretos.
Sobra atomización, sobra opacidad, sobra protagonismo, sobra elitismo, sobra verticalidad, sobran quejas y chascarrillos, sobran palabras y en cambio falta horizontalidad, falta transparencia, falta acción, mucha acción, debemos llamar la atención de la población, de los medios y del sistema, que sepan que estamos aquí y así, de paso, nos enteramos nosotras y nosotros también, porque es verdad que somos muchas y muchos más de lo que creemos, pero en abstracto no somos nada.
Yo no sé cómo iniciar un proceso de acciones y hacer que lleguen a todo el mundo y de todo el mundo en una transparencia total, y ya, porque es ahora, y ya hace tiempo, cuando nos están machacando. Tal vez sea necesario tan sólo que alguien empiece, que lance una pequeña convocatoria, física o virtual, me da igual, para empezar a movernos, auque sea poca gente. Si las acciones están bien pensadas, poco a poco irá creciendo, como un alud que desata un simple copo de nieve. ¿Quién quiere y puede desempeñar ese papel?
 Eso es lo que me parece, en estos momentos, realmente relevante. El resto, compañeras y compañeros de los diversos grupos, plataformas, asociaciones… o que andáis por libre, como yo, como decía Mina, no son más que parole, parole, parole

dijous, 26 de gener del 2012

Cosas que podemos y deberíamos hacer sin falta

En esta semana en que esta reunido el Foro Económico Mundial en Davos y en que parece que al fin nos vamos a manifestar contra la dictadura del capital financiero  y contra los recortes, a mi me siguen inquietando cuestiones más de fondo  -o por lo menos más persistentes-. No creo que el Foro de Davos vaya a propiciar ninguna gran transformación, como anuncia, ni creo que la manifestación del dia 28 -a la que asistiré y a la que llamo desde aquí- vaya a cambiar nada.
Me preocupa lo que nosotras y nosotros seamos capaces de hacer y creo que, en este sentido, si queremos ser eficaces -y eficientes-, tenemos muchas cosas que enmendar. En esta entrada voy a enumerar algunas propuestas orientadas a optimizar nuestras fuerzas, a combatir cualquier sensación de desánimo y también a extender nuestras razones y el espíritu de movilización más allá de nuestros círculos habituales.
Se trata, por tanto, de una reflexión más abierta que nunca, sin  ninguna pretensión de exhaustividad ni ningún dogmatismo. Apunto  tan sólo algunas ideas que me parecen elementales y factibles con el ánimo de que se puedan hablar, matizar, debatir, aquí o donde se quiera.  Aspectos a mi parecer centrales en nuestra dinámica y para nuestro futuro como nuevo agente político, que no es sino la parte más sensible y activa de la sociedad civil, de la ciudadanía. En aras de la operatividad, no voy a entrar en detalle en ninguno de estos aspectos, que siempre se pueden desarrollar más adelante.
El primero de ellos es la organización. A mi entender  necesitamos un modelo de organización más eficiente que, sin substituir a las asambleas, organizaciones, etc  existentes, nos permita conocer a ciencia cierta cuántas y cuántos y quiénes somos y dónde estamos en una razonable aproximación. Una información que permita una rápida y eficaz comunicación horizontal y una coordinación efectiva para la toma de decisiones. Y eso evitando los peligros de las disfunciones que sabemos que puede copmportar el asamblearismo a ultranza, así como el peligro  de los personalismos egocéntricos que suelen hacerse presentes en estos movimientos.  No estoy propugnando la formación de un partido ni nada que se le parezca, sino la coordinación eficiente de lo que existe, ya que, sin una organización que funcione, las ideas són estériles. Esto ya nos lo advirtió Gramsci hace muchos años.
Entiendo, en segundo lugar, que necesitamos también insistir en la información y la formación, todas y todos. La situación es compleja y, además de interesantes libros y artículos puntuales, es preciso conocer de forma clara todas las preguntas y todas las respuestas al respecto y también todos aquellos datos más relevantes. No podemos vivir en una sopa de ideas. Independientemente de la información, formación y reflexión de cada cual, hace falta una especie de  manual de uso concreto, que permita comprender la realidad económica y política de una forma global y nos permita trasladar ese conocimiento a nuestro entorno, que arme nuestras razones con datos y argumentos accesibles a todo el mundo. Yo lo necesito. Y hay personas suficientemente capacitadas para elaborarlo y elaborarlo en esos términos. Entiendo que les resulte más tentador dedicarse a labores intelectualmente más satisfactorias, pero en estos momentos necesitamos también, y de forma preminente, un instrumento didáctico, en el mejor sentido de la palabra, básico y contundente. Quienes pueden hacerlo, lo saben.
También necesitamos, en tercer lugar, aprender a usar bien las redes sociales y conjurarnos para ello. Es conveniente que quien sepa sacarles el máximo provecho elabore también un manual de uso al respecto, igualmente claro, consensuado y ampliamente difundido. Entretanto, debemos fomentar la información, el debate y la relación horizontal en ellas. Lo cual implica, por una parte, estar en contacto, -tal vez mediante grupos abiertos de una forma preferente-;  pero implica también un ejercicio de responsabilidad personal para acostumbrarse a leer y a debatir y no sólo a publicar, para pensar dos veces, antes de enviar algo a la red, si realmente tiene un interés colectivo; para usarla con moderación, porque, cuando alguien está mandando siete u ocho entradas diarias a un grupo de facebook, por ejemplo, está marginando la información previa de muchas compañeras y compañeros y esto, aparte de la desconsideración, es inoperante. La red debe ser dinámica y sustantiva, sin que esto implique que nos privemos de la mordacidad que a veces nos alegra la vida.
Es igualmente necesario, respecto a la red, disponer de información veraz sobre la eficacia de campañas como las que proponen Actuable o Avaaz, y veraz quiere decir no basada en la opinión o en un artículo de ignota procedencia, sino contrastada y consensuada.
En cuarto lugar, creo que nos es imprescindible saber y determinar qué podemos y debemos hacer por nosotras y nosotros mismos y qué se debe exigir que sea defendido por la oposición llamada de izquierdas que, si quiere recuperar alguna credibilidad, tendrá que escucharnos y hablar un lenguaje distinto al del gobierno -cosa que ya les debe parecer que hacen, pero que nosotras y nosotros sabemos bien que no-. Porque es a la oposición de izquierdas a quien corresponde, por ejemplo,  plantear la necesidad de crear un fondo de empleo social, o de recuperar la ley de contrato indefinido para los alquileres y exigir que los inmuebles vacíos pasen a formar parte de un estoc  general de viviendas en alquiler -puntos que ya traté en otras entradas pero que estoy dispuesto a desarrollar con mayor detalle-. También es a la oposición de izquierdas a quien corresponde exigir un inventario de todas las infraestructuras inútiles o infrautilizadas que se hicieron durante todos estos años con nuestro dinero  y preguntar, o proponer, qué se va a hacer con ellas, cuál ha sido su coste y a quién es imputable para que toda la población lo tenga muy claro. Como debemos tener claro qué adeudan al erario público -qué nos adeudan- los bancos y las empresas que han sido rescatados.
También debemos exigir a la oposición de izquierdas que propongan medidas contundentes de reducción del gasto público en los propios organismos del estado -mucho antes que en la sanidad y en la educación-. Que propongan acabar ya con el senado y con las diputaciones y con entidades tan superfluas como los consells comarcals en Cataluña y entes similares, o con una sobreinflación de municipios que multiplica los gastos, y propongan substituirlo todo por mancomunidades ad-hoc que asuman únicamente, donde haga falta y a iniciativa de la población y los ayuntamientos, las funciones comunes necesarias. Y, en caso contrario, que nos expliquen claramente qué razones hay para no hacerlo que no sean el propio interés de quienes con ello se lucran. Que propongan acabar también, en un estado laico, con la financiación de la Iglesia Católica, que cada cual se pague sus creencias. Y, sobre todo, aunque sea principalmente por una cuestión de imagen e higiene democrática, que propongan aplicar a los políticos las medidas de austeridad que se están explicando desde la función pública: que ningún político pueda cobrar más ni tener otros privilegios que un funcionario del máximo nivel, ya que, al fin y al cabo, eso es lo que son. Y todo esto, que deben hacerlo en los respectivos parlamentos, tiene que llegar también alto y claro a la opinión pública. Tenemos un hartazgo que provoca náuseas de autismo fáctico de la democracia palamentaria.
Finalmente,  por nuestra parte, debemos ser capaces de abordar conjuntamente las acciones que más contribuyan a cambiar realmente este mundo caótico y sin esperanza, atenazado por el capital financiero. Las manifestaciones son útiles cuando son útiles, como la lucha contra los deshaucios o la ocupación temporal o permanente de deteminados edificios o servicios. Pero no todo acaba aquí. Con las cartas sobre la mesa  y siempre dentro de la no violencia y la legalidad, hay muchas otras acciones que, en un momento u otro, pueden ser más adecuadas, como las manifestaciones o los boicots selectivos y temporales dirigidos a determinadas empresas o instituciones, la información amplificada sobre las prácticas abusivas ejercidas por unas y otras -con números y datos-, peticiones masivas a instituciones como el defensor del pueblo y similares, denuncias colectivas, campañas en internet, cartas al director en publicacones extranjeras, etcetera. No voy a agotar aquí ni mi imaginación ni la de quienes lean este texto. Si nos organizamos bien, con pragmatismo, con las ideas claras y siguiendo principios de oportunismo y posibilismo estratégico, estoy seguro de que somos capaces de desarrollar una enorme creatividad.
Así pues, mi llamamiento se puede resumir  en cuatro palabras o conceptos clave: organización; formación-información (o información formativa, si se quiere); comunicación-coordinación; y acción selectiva (directa e indirecta).
Yo creo que si nos centramos en estos puntos y estas necesidades podemos avanzar mucho. ¿O es que nos vamos a seguir quejando y a esperar directrices de alguien?

dijous, 19 de gener del 2012

A quien le interese este blog

Este blog nació por necesidad y por estrategia, por necesidad de exteriorizar toda mi indignación ante el expolio sistemático de las clases populares y sus derechos que estamos viviendo y por estrategia, para compartir mi ideas, dudas, preguntas y también propuestas con todas y todos los que sufrimos esta misma angustia y no nos resignamos a callarnos y a no hacer nada.
Nació como un medio de expresión pero tambien con una clara voluntad de diálogo, de debate, como un grano de arena más para esa conciencia colectiva que entre unas y otros vamos creando.
Para que cumpliera lo mejor posible su función, he intentado comunicar su existencia y sus entradas semanales a cuantas más asambleas, plataformas y grupos alternativos de personas afectadas por la agresión del capital he podido.
La conocida red social que he utilizado para comunicarme con todas esas asociaciones ahora amenaza con bloquearme, con lo cual pone en serio peligro la función comunicativa del blog. La última entrada antes de hoy ha sido leída hasta el momento por más de un millar de personas y esto quiere decir que tenemos interés por comunicarnos, por estar conectados y conectadas.
A quienes os interesa lo que aquí se pública, a quienes penséis que vale la pena mantenerlo abierto y os lo queráis hacer vuestro, con vuestras publicaciones o con las reflexiones que en él se van publicando, os ruego que me ayudéis a superar esta barrera de censura fáctica y que os registréis como seguidores, o sigáis las noticias de nuevas entradas y comentarios en twitter: @llprats , ante el temor de que facebook finalmente me imponga un bloqueo al no hacer el uso que ellos consideran adecuado de su plataforma. También os pido que, si os parece oportuno, lo difundáis en vuestros grupos. Y que sepáis que, si un día la información de nuevas entradas desaparecen de facebook, no es porque yo haya desapercido (espero!). Personalmente y mientras pueda, cada semana seguiré estando aquí, com mayor o menor acierto, pero con la mejor voluntad y todos mi cariño por vosotr@s. Llorenç Prats

La izquierda ¿nuestro enemigo?

Es tan importante conocer nuestros objetivos como la forma de alcanzarlos. Lo primero que deberíamos hacer es establecer una gradación. Queremos otro mundo más justo, donde las necesidades básicas de todos los seres humanos estén satisfechas, donde la riqueza esté al servicio del bienestar comunitario, donde no exista la guerra ni la discriminación y donde se respete la libertad y la idiosincrasia de cada persona, así como la vida y el planeta que nos acoge.
¿Es una utopía? Por supuesto. Pero también es nuestro mayor objetivo y no deberíamos perderlo jamás de vista, día a día, en cada una de nuestras acciones y nuestros pensamientos. No podemos desesperar porque aparentemente no se avance, porque entonces es cuando realmente retrocederíamos. Simplemente debemos saber que esto no se va a conseguir en unos años, ni en unas décadas, ni seguramente en el curso de nuestras vidas, -ojalá-…  Pero no se va a conseguir no porque la condición humana nos aboque inevitablemente a la desigualdad, sino porque los intereses de la minoría privilegiada que domina el mundo son muy poderosos. Tenemos que llegar a ser más poderosos que ellos, afirmándonos día a día y acrecentando nuestras filas para crear una gran conciencia colectiva de cambio. Cada paso cuenta, por pequeño que sea, y nos hace avanzar o retroceder en el camino.
Mientratanto, la cruda realidad del día a día se impone y nos envuelve como una niebla oscura, como un largo invierno. Los señores de las tinieblas dirigen el mundo desde las más altas torres de la política y la economía mundial. Y nosotras y nosotros hacemos oir nuestras voces, cuando podemos, organizamos pequeñas acciones, proyectos puntuales o locales, que no les inquietan en absoluto y que básicamente nos sirven para reconfortarnos y no desfallecer. En numerosas ocasiones les ofrecemos alternativas  perfectamente viables para reducir la deuda, para evitar los recortes, para mantener el estado del bienestar… ¿Por qué? No les interesan para nada, saben muy bien lo que quieren. Los ricos y los poderosos con la crisis salen ganando. Hemos visto los números.
Entonces ¿qué podemos hacer? ¿Mantener encendida la llama de la resistencia en espera de tiempos mejores? ¿Esperar a que las propias contradicciones del sistema provoquen un hipotético cataclismo? ¿Es que no tenemos aliados en este mundo?
Hace tiempo que condenamos a los partidos de la izquierda y a los sindicatos de clase. Y con razón, porque hacía aún más tiempo que habían dejado de comportarse como tales y se habían convertido en cómplices, cuando no en servidores directos, de las fuerzas del capital. En las últimas elecciones del 20 N, muchas y muchos de nosotros decidimos dar un voto de confianza a Izquierda Unida y dejar caer al PSOE a los infiernos, para que comprendiera que por el camino que había emprendido sólo podía alcanzar la perdición. Nadie sabe en qué número, pero, sin nuestros votos, Izquierda Unida  por lo menos no hubiera alcanzado unos resultados como los que tuvo.
También dijimos entonces que íbamos a ser exigentes con esas formaciones. Pues bien, yo creo que ha llegado el momento.
Los partidos de izquierda y los sindicatos de clase deben dejar de jugar con las cartas marcadas que les ofrecen los partidos del gobierno en España y en las autonomías y las instituciones económicas europeas y mundiales, y plantear su propia alternativa. No basta con oponerse más o menos tímidamente a las imposiciones de unos y otros, con dar una rueda de prensa que apenas tiene cobertura, con adherirse de modo vergonzante a la convocatoria de una manifestación con lemas y banderas propios, o con poner la cara entre los que se están oponiendo a un linchamiento legal, sabiendo que es la única que va a salir en los medios.
Si produce vergüenza ajena ver a los sindicatos legitimando una negociación inexistente, mayor es aún la que produce el espectáculo carnavalesco que se está dando en un partido que aún se llama socialista y donde la mayor preocupación parece ser quién va a mandar sobre sus mermadas huestes, como también ha sucedido en Cataluña, donde, además, aún se sigue tendiendo la mano a la sucursal liberal nacionalista en el poder, o en otras comunidades donde, por acción u omisión, la izquierda legitima la agresión del capital sobre las clases populares o da una jubilación dorada a sus fracasados próceres en instituciones como el senado, porque prácticamente ya no tiene diputaciones, instituciones ambas que parecía que había un acuerdo amplio en que no servían para mucho más que para seguir despellejando el erario público.
Si no queremos vivir cien años de oscuridad estamos obligados a entendernos. Por tanto, pienso que la izquierda formal, los partidos y los sindicatos, deberían convertirse en nuestro objetivo prioritario, no para acabar con ellos por supuesto, sino para exigirles una regeneración a fondo y una política activa y agresiva en sus contenidos, que si no se puede desarrollar en el parlamento, se desarrollará en la calle. Tienen  que recordar quiénes son, de dónde vienen y a quién se deben, y sino ya se lo recordaremos nosotras y nosotros. Que callen ya, que pare la música, que se detengan un momento y miren lo que están haciendo, que se despojen de todos sus egos y sus vanidades, cubran sus cabezas de ceniza y recuerden que un día cantaron todas y todos arriba parias de la tierra. Y que los parias siguen en el suelo, aplastados como siempre, tal vez por ellos mismos, sin que lo adviertan.
Necesitamos mandar un mismo mensaje al mundo, y que se oiga, que no se ahogue en la sala de los pasos perdidos, que retruene en la calle, en los medios y en las conciencias, sino no nos sirven para nada, se pueden ir al Gobi con sus ridículas memeces florentinas. Aquí la gente sufre, se queda sin casa y sin trabajo y a veces incluso se muere de impotencia o por falta de atención. No es demagogia, son verdades como puños, perfectamente documentadas.
Por eso pienso que, en esos momentos, mientras no cambie radicalmente, sin ser el poder oscuro, la izquierda es nuestro enemigo, estratégicamente, por su bien, y por el bien de tod@s.