dimecres, 14 de març del 2012

Carta abierta al señor Rajoy sobre el estado de necesidad permanente

Una compañera me recordaba que, a pesar de que todas y todos lo estemos pasando mal, hay personas que viven en un estado de necesidad permanente, sin ingresos, sin techo… y esto se puede agravar mucho si se desgarra el cada vez más debilitado tejido social de la familia, que es el último dique de solidaridad que mantiene a tantas personas subsistiendo por encima de la miseria pura y dura.
Este hecho me ha movido a escribir este artículo, en forma de carta abierta al presidente del gobierno, sin entrar en el fondo de los problemas sino tan sólo proponiendo soluciones paliativas ante una posible catástrofe humanitaria de unas dimensiones que, afortunadamente, las generaciones que actualmente vivimos en este país no hemos conocido.
Sé que con esto no se arreglan los males que nos aquejan, pero hay situaciones de emergencia que cada vez afectarán más y más gravemente a un mayor número de personas y eso no tiene espera. Ojalá que alguna de estas medidas se aplicase y con ello evitáramos que muchos de nuestros conciudadanos y conciudadanas  cayeran en el más negro pozo de la desesperación, o, en otros casos, pudieran salir de él.
Tengo la intención de mandar esta carta a los periódicos, y también a la Moncloa. No sé si nadie la va a publicar o siquiera a leer, pero a todas aquellas y aquellos que la leáis y penséis que pueda ser bueno que se conozca, aunque sea para crear estado de opinión al respecto, os ruego que la difundáis.  La carta:

Señor  Mariano Rajoy, presidente del gobierno de España:
 Aunque la distancia ideológica que nos separa es muy grande, me animo a dirigirme a usted por dos razones. En primer lugar porque, como presidente del gobierno, es usted el máximo responsable del bienestar de nuestros conciudadanos y conciudadanas, y en segundo lugar porque no tengo ninguna razón para dudar de que esté usted tan atormentado, por lo menos, como yo, por la situación de necesidad permanente  en que viven las clases más desfavorecidas de nuestro país.
En estos momentos tenemos casi cinco millones de parados y paradas y los deshaucios, consecuencia en gran parte de lo anterior, son una realidad cotidiana. Su gobierno ha aprobado una reforma laboral, en la que no voy a entrar, que usted mismo ha dicho que sólo creará empleo a medio plazo. Ojalá tenga razón. Pero nuestra situación no puede esperar a hipotéticas soluciones a medio plazo. El paro no ha causado aún una catástrofe irreparable porque la red de parentesco, la familia, aún funciona como último reducto de la seguridad social, en el sentido literal del término. Pero, si el paro aumenta y además los ingresos de los trabajadores se ven reducidos por recortes e impuestos, este muro de contención estallará en mil pedazos y entonces el estado de necesidad permanente de millones de personas puede arrastrar la economía del país a una situación de difícil retorno. Podemos soportar muchas cosas, pero no podemos afrontar un desastre de tamaña magnitud. Toda sociedad tienes unos límites de cohesión social, más allá de los cuales reina el caos
Creo que es absolutamente necesario que el Estado intervenga, a pesar de los ajustes que impone la Unión Europea en la deuda y el déficit público. No existe otro agente que lo pueda hacer.
Esta intervención debería producirse muy principalmente en la creación de puestos de trabajo, pero también en la protección del acceso o la conservación de la vivienda.
Dado el contexto económico y político en que nos encontramos, propongo que, para crear puestos de trabajo, se implante un nuevo impuesto ad hoc, un impuesto finalista dirigido a los estamentos más acaudalados de nuestra sociedad. Las clases medias ya han hecho todos los sacrificios posibles. Llegó el momento de que quienes detententan la riqueza del país, sea en forma de rentas, capitales de cualquier procedencia o patrimonio, los hagan también. Porque, cuando se corre el riesgo real  de que la solidaridad familiar entre en quiebra, la única solución posible es que se ponga en marcha la economía redistributiva, aunque sea limitada y con una duración sujeta a la recuperación del mercado de trabajo. En caso contrario, las consecuencias pueden ser dramáticas y el curso de los acontecimientos imprevisible.
Evidentemente un impuesto de esas características no puede acabar con el paro, pero sí reducirlo, reforzando indirectamente el tejido familiar y la economía en general. En este sentido, propongo que se prioricen  tres tipos de ocupaciones:
-Las que se apliquen a facilitar la finalización o ejecución de obras públicas necesarias para mejorar la competitividad económica en diversos sectores.
-Las que se apliquen a permitir la recuperación  del normal funcionamiento de servicios básicos de salud, educación, dependencia, etc., que, en algunos casos, se han recortado hasta niveles críticos, comprometiendo su funcionalidad actual y su excelencia futura.
-Las que  apliquen a fomentar la inversión en talento, especialmente de jóvenes, en nuevas actividades productivas caracterizadas por la competitividad y la innovación.
Finalmente le propongo que, aparte de la dación en pago para solventar hipotecas que no se pueden recuperar más allá de esta renuncia, ya de por si extremadamente dolorosa, se potencie decididamente el alquiler social. Se implante legalmente el contrato indefinido con aumento según el IPC como forma habitual de contrato y se obligue, mediante ley o gravamen, a poner en alquiler, bajo esas condiciones, todas las viviendas vacías, ya pertenezcan a particulares o a entidades financieras, inmobiliarias, etc. , con la administración como garante para propietarios e inquilinos, como se ha hecho en algunas comunidades, y como tasador de oficio que fije los precios mínimos y máximos del alquiler según zonas y características de las viviendas. Con esto se conseguiría, no sólo facilitar el acceso a la vivienda, sino también obtener una liquidez de tantos y tantos inmuebles que actualmente constituyen un pasivo improductivo y, además, fomentar la movilidad tan necesaria, ahora y en el futuro, para la economía globalizada.
Estoy seguro de que estas medidas, y especialmente las referidas a la ocupación, que requieren un esfuerzo relativamente moderado  y dirigido tan sólo a aquellos estamentos que más capacidad tienes de hacerlo sin ver menguada la calidad de sus condiciones de vida, no suponen tan sólo una obligada actuación en defensa de los sectores más desprotegidos y una garantía contra el inminente peligro de fractura estructural de nuestra sociedad, sino la inversión más rentable que se puede acometer.
Un gobierno soberano ha de ser capaz de imponer estas medidas, de la misma manera que lo ha hecho con otras, máxime cuando de ellas depende que el país no se despeñe en el abismo y, contrariamente, pueda reanudar, aunque sea tímidamente, el engranaje de la recuperación económica y el camino del bienestar.
Reciba un atento saludo, Llorenç Prats

dijous, 8 de març del 2012

Los hombres que no amaban a las mujeres

Con frecuencia, un problema reciente, o una nueva andanada, nos hace olvidar o dejar de lado un problema anterior. Como sucede con una catástrofe natural que nos distrae de la precedente, cuyos estragos siguen bien vivos, sin embargo, para las personas que los sufren. De ahí esa persistencia con que Forges nos pide en sus viñetas que non nos olvidemos de Haití. Algo así sucede con la violencia contra las mujeres, una lacra permanente que sólo sale a la luz fugazmente cuando culmina en asesinato. Y sin embargo, los asesinatos son tan sólo la punta del iceberg. La violencia, en todas sus formas, a veces sutiles, se produce y reproduce cotidianamente, sin atisbos de que vaya a desaparecer, ni tan siquiera a menguar.
No me gustan las conmemoraciones, pero a veces sirven de excusa para intentar reforzar la conciencia social. El 8 de marzo es el día de la mujer (ya dejo lo de trabajadora por no hurgar en otra herida) y quizás nuestras mentes estén por ello más receptivas a leer reflexiones como  la que sigue. La escribí el año pasado para un espacio de opinión en la radio, y la reproduzco con escasos retoques porque desgraciadamente mantiene toda su vigencia. Pretende ser una reflexión de fondo -breve y modesta, pero de fondo-, porque si no atacamos las raíces de este problema, vamos a seguir conviviendo con él mucho tiempo. Decía así…
Antes incluso de que salieran los libros de Stieg Larsson me llamaba mucho la atención el título de la primera de sus novelas: Los hombres que no amaban a las mujeres. Y es que siempre he pensado que había hombres que no amaban a las mujeres, y no me refiero precisamente a los homosexuales.
No he sabido encontrar en el diccionario términos como ginofobia o uxorifobia, pero no hay duda de que este sentimiento existe, más allá de la misoginia, que el diccionario define como “aversión a las mujeres”. La fobia es aversión y odio, pero también es miedo. En el fondo, pienso que esta fobia está formada por diversos componentes. La aversión y el miedo deben ser hijos  de problemas más profundos, como una identidad personal mal construida, una masculinidad insegura, o una no aceptación de los aspectos femeninos de cada cual. En contraste con los hombres que sí amamos a las mujeres, los ginofóbicos o uxorofóbicos no deben poder disfrutar de ellas y con ellas. No deben poder disfrutar de su compañía, de su presencia, de su conversación, de los matices, con frecuencia sutiles y diversos con que se pueden expresar las diferencias entre la masculinidad y la feminidad.  No deben poder gozar ni siquiera, plenamente, de la sexualidad, aunque sean muy machos, porque sólo deben sentir su propio placer, o peor, el placer de la dominación. Si el placer de la mujer, en este caso, les produce alguna satisfacción, debe ser en la medida en que alimenta su narcicismo.
A veces pienso que hay hombres tan machos, tan machos, que, de la misma forma que no conciben otra forma de pasar el rato que no sea con sus amigos machos, también se encontrarían más a gusto teniendo relaciones sexuales entre ellos, cosa que curiosamente no harán nunca, porque además son ferozmente homofóbicos, o por lo menos así lo proclaman. Se entiende que para ellos hacer el amor sea una mariconada y sólo conciban la posibilidad de follar y si implica un cierto grado de sumisión por parte de la mujer, mejor.
Todo esto no pasaría de ser una patética patología, susceptible de ser  tratada psicoterapéuticamente, si no fuera por las consecuencias que conlleva. En la base de la violencia contra las mujeres están este odio y este miedo, que impiden cualquier posibilidad de conocimiento y por tanto inducen a la cosificación: Las mujeres como objetos que se pueden tener en propiedad y utilizar a placer, incluso arrinconar, prestar y, si estorban o molestan, destruir. Los hombres que no aman a las mujeres no tienen el más mínimo interés por ellas como personas. Las usan, a veces por la fuerza, y cuando se sienten heridos o traicionados, como cuando tu perro accidentalmente te muerde o el coche te deja tirado en medio de la carretera, reacionan siempre con la agresividad del macho y del amo, una agresividad a veces irreparablemente extrema.
Todo eso lo solemos englobar en una sola palabra: machismo, pero a veces una palabra demasiado repetida más que explicar nos oculta lo que hay detrás. En este caso, dominación, violencia y culto a la virilidad, sí, pero también mucho miedo, mucha inseguridad, mucha miseria.
Ni lástima ni compasión para estos modernos trasuntos del esclavismo potencialmente homicida, pero al menos traslademos la constatación de nuestra experiencia, para que los hombres -jóvenes- y niños, que aún no saben si aman a las mujeres, sepan que no sólo corren el riesgo de convertirse en maltratadores y asesinos, sino que, si equivocan el camino, se perderán la maravillosa experiencia de acceder a la otra mitad de la condición humana.

dijous, 1 de març del 2012

Soluciones para la deuda y el déficit

Harto, harto estoy, harto de leer y escuchar que el problema es la deuda y el déficit, que hay que reducir más el déficit y para ello no hay más remedio que introducir más recortes en los gastos sociales, en el estado de bienestar -o lo que queda de él-. Ayer  abro el periódico y me vuelvo a encontrar con la exigencia de reducir, ¿cuánto? ¿40.000 millones más?, el gasto público. Bueno, pues si el problema se reduce a eso, tomemos una solución drástica: vendamos el patrimonio artístico.
Que yo sepa, el mercado del arte no está en crisis, como no lo está ni mucho menos el de los bienes de superlujo. Los ricos son cada vez más ricos y el arte no es tan sólo un bien deseado sino un valor refugio en el que las grandes fortunas invierten. Últimamente se acaba de vender un cuadro de Cézanne por dos cientos cincuenta millones de dolares, no hace mucho se vendió un cuadro de Pollock por ciento cuarenta millones de dólares  y así sucesivamente. Los pobres griegos no lo pueden hacer porque sus obras de arte más importantes se las expoliaron, como los famosos frisos del Partenón, ubicados en el British Museum y que jamás han sido devueltos a pesar de las reiteradas reclamaciones. Tienen muchas ruinas, pero el patrimonio inmueble es más difícil de vender, y de sustituir. Se pueden vender los derechos de explotación de la Acrópolis, pero ¿cómo se van a vender el Partenón, desmontándolo pieza a pieza para remontarlo en el jardín de algún millonario ruso o árabe, o de donde sea, como hicieron hace un siglo los americanos con algunos castillos o claustros europeos? Demasiado aparatoso y humillante.
Pero en España disponemos de una de las mejores pinacotecas del mundo, el Museo del Prado, repleto de obras maestras, y de otras pinacotecas no tan deslumbrantes pero con obras también de incalculable valor. ¿Cuánto valen Las Meninas? ¿Cuánto está dispuesto a pagar un posible comprador por ellas? ¿y por el Jardín de las Delícias o por el Caballero de la Mano en el Pecho? Se pagan fortunas por obras que se roban y se venden ilegalmente para tener que conservarlas en  museos secretos, una especie de cripta de coleccionista de la que sólo puede disfrutar el propietario y una pocas personas de su más estricta confianza. Pues bien, si persisten en decir que el problema es éste, pongamos todas nuestras obras maestras en venta, liquidemos la deuda o buena parte de ella y acabemos de una vez con la maldita crisis. El sacrificio, si tal es, se puede distribuir, para ser equitativos, entre diversos museos y comunidades.
¿Que resulta sangrante? ¿Por qué? Se sustituyen las obras por copias de absoluta solvencia, irreconocibles incluso para los expertos si no es por medio de recursos técnicos sofisticados. Al fin y al cabo ¿alguien puede asegurar que Las Meninas que vemos en El Prado son el original y no una copia y que el original no está a buen recaudo en los almacenes? ¿o la Gioconda del Louvre? Todos los museos admiten tener en  sus colecciones un porcentaje de falsificaciones difícil de precisar. Falsificadores famosos com Elmir de Hory, que esquivaba los rigores más extremos de la justícia no firmando jamás sus obras -o eso decía, por lo menos-, se mostraba orgulloso de afirmar en público que numerosos museos del mundo tenían obras supuestamente de artistas contemporáneos que, en realidad, había pintado él.
¿Qué diferencia existe entre Las Meninas -por seguir con el ejemplo- y una copia exacta, prácticamente indetectable, del mismo cuadro? Tan sólo el hecho, estrictamente simbólico, de saber que es  el cuadro auténtico.  Ese carácter simbólico es lo único que se pierde, eso y quizás un cierto número de visitantes atraídos por la supuesta autenticidad. Por importante que sea ese número de visitantes, no tiene parangón, en términos económicos, con los ingresos que se obtendrían por la venta de las obras. Todo lo demás, el deleite ante la obra de arte, los aspectos educativos, culturales… queda perfectamente intacto. Soy antropólogo y sé muy bien la importancia que tiene el simbolismo, pero, si la situación es ésta, si somos un viejo país que no puede pagar sus deudas, no podemos comportarnos como un orgulloso aristócrata que antes  que deshacerse de los blasones de la familia, despide al servicio o incluso acepta vivir en la miseria. Básicamente porque lo que está en juego es la sanidad, la educación, la vivienda, el trabajo, las pensiones, los salarios… no sólo la calidad de vida de casi toda la sociedad, sino la propia capacidad de supervivencia de algunas personas, la posibilidad de cubrir las necesidades más básicas de muchas otras y el futuro de, por lo menos, toda una generación. No hay color, con todo mi respeto, ante el sufrimiento y la necesidad de la población, que les den a Las Meninas o al Pantocrátor de Taüll.
Si éste fuera el problema tiene, pues, una relativamente  fácil solución. Con la progresiva venta del patrimonio artístico y una administración sensata, podríamos recuperar unas condiciones de vida decentes de una forma casi inmediata. Lo que pasa es que me temo, como comentaba en mi reflexión anterior, que éste no es el problema sino tan sólo una cortina de humo que sirve a los poderes económicos  para irnos conduciendo progresivamente hacia ese paraíso del capitalismo salvaje que han avistado y al que no piensan renunciar.
Pidamos que no recorten más, al contrario, que restauren el estado del bienestar y la dinámica de la economía real y que solucionen los problemas financieros con la venta del patrimonio. Y a hacer puñetas con la crisis. Podemos vivir perfectamente sin el patrimonio artístico nacional, pero no sin trabajo, sin casa, sin escuelas ni hospitales, sin pensiones...
Podemos probarlo ¿por qué no? Pero estoy seguro que, aunque reuniéramos millones de firmas, no nos iban a hacer ningún caso. Porque nos engañan miserablemente, porque, como dice Lluís Llach en una de sus canciones, no és això, companys, no és això.

dijous, 23 de febrer del 2012

No hay atajos

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Esta ofensiva de los poderes económicos ha venido para quedarse. Ellos vieron en un determinado momento que otro mundo era posible y se pusieron manos a la obra. Un mundo fundamentalmente privatizado, donde todo, sin excepción alguna, es mercancía: el trabajo, la vivienda, la educación, la salud, las pensiones… todo se compra y se vende y cada cual se paga lo que se puede permitir. ¿Usted es útil para producir riqueza, para darnos beneficios? Pues le pagamos en función de la capacidad de hacernos más ricos que usted tenga. Y si realmente es usted un chollo para la corporación, la empresa, los socios, los accionistas… no se preocupe porque cobrará salarios y beneficios para vivir bien, se podrá pagar un buen seguro médico, comprarse una casa en un barrio elegante, mandar a sus hijos a las mejores universidades y hacerse un buen plan de pensiones para cuando se jubile… Pero prepárese, porque en el momento en que deje de ser rentable, usted, que también es una mercancía, se va a la calle. Más vale que haya aprovechado bien su tiempo y haya sido previsor. ¿Qué usted no es un vendedor agresivo, un broker perspicaz, un profesor brillante, un médico con excelentes resultados, un abogado voraz que gana pleitos a mansalva… bueno, hay muchas otras ocupaciones en la industria, el comercio y los servicios para los medioinútiles como usted. Quizás no se podrá pagar un seguro médico que le cubra grandes operaciones y vivirá en un suburbio, sus hijos tendrán que ir a las escuelas y universidades públicas, que son de mierda ya se sabe, pero si sobresalen en el deporte o son genios que auguren futuros y cuantiosos beneficios, tal vez consigan una beca para ir a una universidad de verdad. Eso sí, no olvide el plan de pensiones porque sino, cuando sea viejo, se va a quedar en la calle, sólo y enfermo, o tendrá que pedir asilo en casa de sus hijos, que, si no les ha ido mejor, vivirán como usted, o se emplearán en el sector público, que siempre es una posibilidad, como policias, como soldados… ¿Peligroso? Sí, pero ya se sabe, en catalán se dice per la vida es perd la vida. Una porquería de vida, cierto, pero es la suya, que le vamos a hacer y, si no tiene un especial talento o no viene de una familia rica ¿qué más quiere? No somos nazis, no le mandaremos a una cámara de gas. Rece. O acérquese a alguna fundación benéfica, esta es una sociedad muy caritativa y siempre le echarán una mano.
Nuestro nuevo mundo es perfectamente reconocible, es América, los Estados Unidos de América, y lo tenemos cada día en la pantalla del televisor. Ahí es donde vamos, imparablemente, y, como en América, los Estados Unidos de Europa (que quién sabe si llegarán a existir nunca como unidad política pero a estos efectos es lo mismo) tendrán  sus regiones ricas y sus regiones pobres, sus regiones industriales y sus regiones de servicios. Y los talentos migrarán de unas zonas a otras a vender sus habilidades al mejor postor y el que no tenga talento, ya sabe: policía, militar, basurero, maestro de barrio, o cualquier otro menester mal pagado. También aquí vamos por el camino de que cada quien tenga la sanidad, la educación, la casa, la vejez y el nivel de vida que se pueda permitir, que pueda pagar a las empresas que presten esos servicios. Para eso hay que eliminar el sector público o reducirlo a la mínima expresión. Ya se está haciendo y ya van surgiendo empresas privadas que ocupan su lugar. De hecho, se trata de generalizar lo que ya existe. ¿Desde cuándo se puede sacar un título MBA, o sea de administración de empresas, si no es en una escuela especializada y pagando una pasta? -y esto sucede cada vez con más especialidades- ¿Desde cuándo los ricos si no tienen complicaciones muy gordas -que entonces sí- acuden a la sanidad pública? ¿Y a la escuela pública? ¿Y fían sus pensiones a la seguridad social?... Esto está asentado aquí hace tiempo, lo que pasa es que el sector público continuaba manteniendo un estado del bienestar, el sueño socialdemócrata para la sociedad capitalista, para todas y todos. Y los trabajadores y las trabajadoras, unidos en los sindicatos, pactaban unas condiciones que limitaban la libre explotación de la mano de obra sin traba alguna. Con lo que están acabando es con todo eso. Si fuera conspiracionista diría que la crisis la han provocado expresamente para provocar esta situación. Como no lo soy, diré tan sólo que les ha servido como magnífica coartada.
Porque, si se tratara tan sólo de regular una situación de despilfarro y de deuda, esto se negocia, se aplaza razonablemente en el tiempo y se recupera la situación anterior. Pero no, esto no se va a acabar. Si alguien pregunta ¿cuándo va a acabar la crisis? La única respuesta sincera es “nunca”. Se va a regularizar la situación, seguramente se van  a buscar soluciones para las heridas más sangrantes, como las tasas brutales de desempleo en países como el nuestro, la situación de miseria a la que se está reduciendo a Grecia, o se va a intentar que se pueda saldar la hipoteca con la dación de la vivienda, porque, a quien no tiene nada ¿qué sentido tiene reclamarle una deuda aún mayor?
Y esa situación no depende ya de los gobiernos nacionales. Primero porque los políticos están al servicio de los poderes económicos. En algunos casos por interés y convicción. Otras porque si quieren seguir en el sillón al que se aferran, no les queda otra. Y segundo porque hay países pobres y países ricos, y los países pobres, como el nuestro, dependen para todo de que los países ricos no nos dejen caer y por tanto seguimos sus indicaciones al pie de la letra. Si un día surgiera un partido que intentara políticamente subvertir la situación, ya se encaragarían de que no llegara a gobernar, o sino le harían la vida imposible hasta el punto de que, o se plegaba a sus condiciones, la de los poderes económicos, o se hundía. Véase el caso de Obama en América. Lo que prometió y lo que ha hecho. Y Obama no es ni tan siquiera un socialista exaltado (el peor insulto para un político americano), sino un socialdemocrata moderadísimo, que ha acabado llevando a cabo una política liberal al uso y que se va a mantener siempre y cuando los poderes económicos no dispongan lo contrario. La democracia ya murió hace mucho en América y ahora está muriendo, si no ha muerto ya, en Europa. La plutocracia ocupará su lugar.
Ante eso no caben atajos. No podemos evitar ese tsunami ni hacer un mundo distinto. No podemos porque no depende de nosotras ni de nosotros. Lo único que podemos hacer es organizar un muro de contención lo más alto y fuerte posible, con los movimientos activistas, los partidos y organizaciones políticas y la sociedad en su conjunto, para intentar defender palmo a palmo nuestros derechos y nuestras conquistas, codo con codo, sabiendo que no vamos a obtener resultados espectaculares ni globales, y que tendremos que persistir en la lucha. Es un enorme y desigual pulso al que sólo nos podemos enfrentar unidos y unidas, con mucha coordinación y realismo entre los movimientos sociales, con una severa autocrítica y unidad de todos los partidos que estén contra la supremacía del capital y con la aportación, por mínima que sea, de todas y cada una de las personas que van a ver o están viendo su vida, la de sus hijos y la de sus parientes y conocidos más o menos gravemente afectada por las medidas que se están tomando y se tomarán. Sólo en la unidad tenemos posibilidades de resistir. Quien quiera marchar por su cuenta o predique cualquier iniciativa disgregadora, no sólo no nos está haciendo ningún favor, sino que está jugando muy a su pesar, a favor de los poderes económicos, de los mercados y de sus lacayos políticos.
La unidad y la acción coordinada es el único camino. Emprendámoslo ya porque llegamos tarde.

dimecres, 15 de febrer del 2012

Sociedad Indignada, una iniciativa global

De ésta salimos juntos o no salimos. Como era previsible, la situación sigue empeorando por momentos. La reforma laboral generaliza el despido libre y prácticamente gratuito y no va a servir en absoluto para reducir el paro en la medida en que no hay crédito, producción ni consumo. Es un disparate. Por otra parte, la Unión Europea nos recuerda lo mal que estamos y señala como puntos más críticos el paro -como si no lo supiéramos- y la deuda privada, o sea que, encima, la población de a pie vamos a ser los responsables de la debacle económica porque estamos endeudados hasta las cejas y no pagamos. Pues que alguien se vaya olvidando de cobrar porque la población está exangüe. Nuestro problema no es ya pagar las deudas a quienes con su codicia amasaron grandes fortunas, sino intentar sobrevivir cada día.
Esto, lo he dicho mil veces, no es una catástrofe cósmica, sino un atraco a mano armada donde unos se han enriquecido y se siguen enriqueciendo a costa de otros y no quieren renunciar  ni al último céntimo.
Desde hace mucho tiempo, pero por lo menos desde hace un año, o, si se prefiere tomar la fecha emblemática, desde el 15 M, la vanguardia de nuestra sociedad, formada sobre todo por jóvenes sin futuro a los que nos sumamos mucha más gente siguiendo su ejemplo, estamos denunciando esta sangría, esta merienda de negros en que se ha convertido el capitalismo. Y esto lo hemos hecho y lo hacemos en la calle, en las redes y donde encontramos una rendija.  El pasado lunes, la gente de Telenoika, aprovecharon valientemente el foro de los premios Ciutat de Barcelona para denunciar a una administración corrupta, al servicio del capital financiero y decirles a la cara que no nos representan. Hay muchos grupos y muchas iniciativas surgidas de esta vanguardia social. Quizás demasiadas. Creo que era Diego Jódar quien decía que pasamos de la anorexia a la bulimia de acciones, con un calendario tan apretado de convocatorias diversas que es difícil seguir. Txema Fuente escribía que la proliferación de grupos con objetivos muy similares hacía cada vez más difícil la coordinación. Yo ya pedía en Cosas que podemos y deberíamos hacer que nos organizásemos de una manera conjunta, que sumásemos nuestras fuerzas en una sola estructura, con todas las sensibilidades que se quiera, pero con la capacidad de encontrar denominadores comunes que nos permitieran organizar campañas a gran escala. Nada.
Pero no es esto lo que más me preocupa, pienso que cuando haya una convocatoria masiva del tipo que sea, toda la gente que estamos en estos grupos responderemos a ella y nos encontraremos, aunque sea puntualmente. Lo que me preocupa es el resto de la sociedad, personas como nosotras y nosotros pero que, por miedo, por la sensación de que no hay nada que podamos hacer para canviar las cosas, porque aún tienen algo que perder o porque ya han perdido hasta las fuerzas, las ilusiones y la confianza, se quedan en casa, van al trabajo si lo tienen, se sientan muy legítimamente ante el televisor para abstraerse de sus penas, y esperan. A veces me recuerdan las ejecuciones colectivas de cualquier genocidio al borde de una fosa común. La gente no corre, ni da la cara, ni se lía a hostias con sus verdugos… espera pacientemente el tiro en la nuca.
Pues bien, eso se tiene que acabar, porque sino se acaba, si no somos verdaderamente legión, no conseguiremos nada. Pero para movilizar al conjunto de la sociedad, para tener realmente una sociedad indignada, necesitamos organizar acciones colectivas de baja intensidad, a las que pueda sumarse mucha gente sin temor a ninguna radicalidad en las formas. Si la gente en general ni tan siquiera acude a las manifestaciones ¿cómo queremos que se una a acciones más comprometidas? Hay que hacer trabajar la imaginación y concebir acciones que, sin riesgo ni grandes esfuerzos, consigan efectos de gran visibilidad. Que el silencio de las personas que sufren tanto como nosotras y nosotros, pero desde casa, no se pueda interpretar por parte del gobierno y de los poderes económicos como conformidad o resignación.
Los mensajes que surgen de los numerosos grupos de facebook no ayudan. Si alguien se acerca a ver si puede aportar su granito de arena se debe espantar: “Huelga general indefenida”, ¡por dios! Si organizar un huelga general puntual, de un día, ya sería enormemente complicada y tendría un incierto seguimiento. La gente no se puede permitir, excepto los cinco millones que ya están en huelga forzosa, prescindir de sus menguados ingresos. Y una huelga general puntual no sirve para nada, el gobierno ya la tiene prevista. Lo dijo el mismo Rajoy. No, no es a base de proclamas incendiarias utópicas, ni de ruido en la red -hay mucho, mucho: cosas que se publican tres y cuatro veces, asuntos de lo más variopinto, mucha gente que habla y poca que escucha,  y muy poco debate sosegado- como vamos a conseguir pasar del 15 M a la sociedad indignada, como decía en mi última entrada. Debemos reunirnos personas que compartamos esa inquietud y trabajar, con imaginación y sensatez, para sumar a esta causa, que es colectiva, al mayor número de personas posible.
A estos efectos, personalmente, me propongo hacer dos cosas.
1.- Convocar una reunión en Barcelona con todas aquellas personas procedentes de nuestro movimiento, o no, que estén interesadas  en trabajar en este sentido. Estoy en ello, intentando conseguir un lugar para reunirnos.
2.- Crear un nuevo grupo en facebook: Sociedad Indignada, con dos intenciones. Una, que me sugirió José Javier Cabrera, de Valencia, para coordinarnos con otros grupos que se puedan formar en el mismo sentido en otras ciudades y territorios. Y otra, para tener un espacio tranquilo en el que podamos compartir ideas, información sustantiva, mantener debates sin exaltación , dar a conocer iniciativas alternativas que con frecuencia se pierden en el marasmo de muros donde las aportaciones de todo tipo se suceden a gran velocidad. Ya conocemos la situación: con puntuales y oportunas excepciones, no necesitamos más viñetas, ni noticias de prensa, vídeos de toutube, quejas jeremíacas o brindis al sol. La intención de este grupo será que las ideas y el debate primen por encima de todo lo demás y que nos contengamos lo suficiente para tener ocasión de leer o comentar lo que opinan nuestas compañeras y compañeros. Es un grupo para gente que procede del movimiento general del 15 M, de los indignados, pero es un grupo, también, pensado para que se puedan encontrar cómodas en él todas aquellas personas que están realmente indignadas con lo que sucede pero no se ven participando en organizaciones o acciones formalmente radicales. Cuando leáis esto, el grupo ya estará formado y os invito a todas y todos quienes os sintáis representados por esta necesidad de gran movilización social y de sosiego en las formas a participar en él, independientemente de vuestras otras adscripciones si las tenéis, y os invito a que invitéis también a  amigos, conocidos y saludados, como decía Josep Pla, a todas aquellas personas que penséis que quieren hacer algo y aquí, a diferencia de otros grupos, se pueden sentir cómodas.

                                         SOCIEDAD INDIGNADA

Parece que esté contradiciendo la reflexión de Txema Fuente, a la que me he adherido, pero no es así, la intención de esta nueva iniciativa es la misma del conjunto del movimiento del 15 M, pero sus pretensiones de movilización de capas más amplias de la población y su voluntad de moderación en las formas y en las acciones que puede propiciar, la distinguen de otros grupos. Por decirlo gráficamente, mi idea es que si un dia conseguimos reunir un millón de personas para expresarse contra las medidas del gobierno y la dictadura del capital, aunque sea en una fiesta familiar o colgando una sábana en el balcón, eso tendrá más impacto que cualquiera de las manifestaciones que hemos hecho hasta ahora, y que seguiremos haciendo. Que me demande Amaral, pero hay que mirar de frente a los ojos de nuestro vecino o vecina, o compañera de trabajo, o… y decirle rotundamente: sin ti no soy nada.

dijous, 9 de febrer del 2012

Del 15 M a la Sociedad Indignada

Está entrada tiene un carácter eminentemente pragmático. Esta en la línea de las entradas anteriores sobre la preocupación por la pasividad social y también por la necesidad de organización, información-formación, coordinación y acción, pero se se centra en proponer explícitamente acciones concretas y continuas que sean asumibles por una amplia mayoría de la sociedad, que comparte el malestar e incluso la indignación de los grupos más activos, pero no está dispuesta a asumir el mismo nivel de riesgo ni de esfuerzo que éstos, ni tan siquiera, tal vez, se sienta lo suficientemente motivada, o convencida de su eficacia, para acudir a una pacfica manifestación.
Intenté explicar por qué sucedía esto, a mí entender, en la entrada titulada ¿Por qué no se moviliza la gente? , pero, trascendiendo aquella reflexión, aquí quiero proponer que, más allá de los grupos surgidos del 15 M  y de sus precuelas y secuelas, la sociedad en general, el pueblo, integrado por todas aquellas personas mayoritariamente y directamente perjudicadas por la dictadura del capital financiero y la política de recortes de todo tipo, tome la palabra, adquiera presencia y protagonismo. Los y las militantes de los grupos de la galaxia 15 M también, pero no sólo ni principalmente: toda la sociedad. Porque esto nos afecta a todos y a todas. Alguien escribía en un comentario que la gente no se moviliza porque tiene miedo, ya que todo el mundo tiene, aún, algo que perder. Hay que girar este razonamiento al reves: todos y todas debemos movilizarnos precisamente para recuperar lo mucho que hemos perdido y para no perder lo que aún nos queda.
¿Esto servirá para algo? Estoy absolutamente convencido de que sí en la medida en que se transforme en un movimiento global, no sólo de una vanguardia ni sólo de un país, sinó, por lo menos, de todo el mundo capitalista. Hay que visibilizar que la sociedad entera está harta y dice ¡Basta!  Quien calla, otorga. Y esto hay que hacerlo mediante medidas elementales pero eficaces, que no supongan riesgo ni ningún esfuerzo particular y, por tanto, puedan ser asumidas por la mayoría.
Voy a exponer tres que, a mi parecer, pueden ser simples, eficaces y mayoritarias, una continua, una periódica y una puntual.

1.- Edición y distribución masiva de chapas con las tijeras cruzadas por la señal de prohibición.  Se trataría de editar masivamente chapas con esta señal e incorporarlas a nuestra indumentaria, cuando se pueda y donde se pueda, pero lo máximo posible. Yo llevo una chapa de esas características permanentemente puesta y, aparte de no haberme procurado ningún problema y de lanzar un mensaje público en contra de la actual situación económica, ha hecho que personas de mi entorno preguntaran por ella, ya sea por cómo conseguirla o dando pie a iniciar una conversación entorno a los recortes y la política económica del gobierno y de la UE. El efecto es multiplicador. ¿Por qué esta chapa y no otra? Por su elevado  valor simbólico. Su nitidez la hace fácilmente reconocible como referente simbólico y, por otra parte, se presta a todo tipo de interpretaciones dentro del mismo campo semántico de oposición a las políticas capitalistas ultraconservadoras: no más recortes en sanidad, en educación, en servicios públicos en general, sí, pero no más recortes de nuestros derechos también, no más recortes de nuestro derecho al trabajo, de nuestro derecho a  la vivienda, no más recortes de la democracia… no más recortes, en fin, a nuestra dignidad, y así sucesivamente.  El poder de los símbolos es que no tienen un significado cerrado y por eso son especialmente eficaces aquellos que se refieren a un universo amplio donde todo el mundo puede sentirse identificado con aspectos diversos. Quienes tengan más edad, recordarán una campaña y un referente similar: las pegatinas sobre la libertad de expresión que se usaron cuando la compañía de teatro Els Joglars fue encausada por representar la obra La Torna.



Por supuesto, esto requiere un mínimo de organización, hay que editar las chapas, pagarlas y distribuirlas, declararlas libres de derechos -que los abogados nos digan cómo- para que nadie las pueda reclamar como propias. Pero esto no debe ser difícil. Las chapas deben ser lo más baratas posibles, pueden producirse en uno o más centros del país y distribuirlas en cajas a quienes puedan financiar inicialmente un cierto número (cien, mil, diez mil…) y desde cada punto distribuirlas, regalando, vendiendo a precio de coste o vendiendo a la voluntad para financiar más chapas. La idea sería, en un plazo no muy largo de tiempo, chapear el país.

2.- Apagones selectivos para conmemorar doce meses de luto. Había pensado inicialmente en 55 semanas de luto, pero temo que esto disminuyera el seguimiento, lo dejo abierto. Si conmemoramos doce meses de luto, vamos a dedicar cada mes a un tema: luto por el empleo, luto por la sanidad, luto por las pensiones, luto por la vivienda, luto por la educación, luto por la democracia, etc. Y, por lo menos -se pueden unir otras acciones relacionadas con el luto del mes a ésta-, vamos a hacer un apagón total de luces un día determinado del mes, el 12, por ejemplo, el día en que Zapatero anunció el primer paquete de medidas contra los derechos de la población y el estado del bienestar, o el 15, como fecha conmemorativa del 15 M. Cinco minutos de apagón total, a las diez, o a las once de la noche, por ejemplo (una hora antes en Canarias y si se hace en otros países a la hora que les convenga), en todas las casas, establecimientos, en el alumbrado público de las instituciones y ayuntamientos que se apunten. Cinco minutos no es nada, pero, aparte de los efectos colaterales que pueden tener en las eléctricas, que en este caso no es el objetivo, es una forma condunte, si se sigue de forma masiva, de visualizar que, efectivament, somos muchos y muchas más de lo que dicen y quieren. Imaginad la fuerza y los ánimos que puede dar asomarse a la ventana y ver en la vecindad cada vez más casas con las luces apagadas en ese día y hora. Que si el primer més hay pocas, los vecinos pregunten y se vayan añadiendo… un mundo que se manifiesta cada més con cinco minutos metafóricos de oscuridad.

3.- Celebración de la primavera con un lanzamiento masivo de globos. No todas las medidas tienen que ser tristes, podemos manifestarnos también el conjunto de la sociedad con una actividad lúdica y positiva. El domingo 22 de abril, a las 12 del mediodía, vamos a organizar convocatorias por todo elpaís, por toda Europa o por todo el mundo si es posible, a partir de grupos locales o territoriales, para reunirnos en la elevación más próxima, cada cual con un globo con una pegatina o un papelito en el que haya escrito un lema, un pensamiento sobre la situación que vivimos y vamos a soltarlos todos a la vez al cielo para que vayan a parar donde los lleve el viento y sean recogidos por otras personas. Que sepamos que alguien, no sabemos quién ni desde dónde, está pensando en todos y todas, en ti y en mí, y nos manda un mensaje: temo el silencio de los buenos, escribiré yo siguiendo el lema de un grafiti que corrió por la red y que he hecho mío, y que cada cual escriba lo que quiera, miles de mensajes volando por los cielos y llegando a manos de no se sabe quien. Eso requiere también una cierta organización, para montar los grupos, para disponer de globos que vuelen, para asegurarnos de que no suponga ningún problema de seguridad… pero no parece nada complicado y es una ocasión lúdica de encontrarnos y manifestarnos, de niños y niñas hasta mayores y compartir además la alegría de estar juntos y todo lo demás que la situación, la voluntad y la imaginación conlleven.

Lo dejo aquí, son sólo tres ideas entre centenares, pero lo importante ahora no es simplemente lanzar ideas, sino llevarlas a cabo para convertir a la sociedad, a la población, en protagonista activa de un proceso en el cual parece que sólo se le ha reservado el papel de víctima.
Ahora, si estas propuestas os parecen pertinentes es hora de ponerse a trabajar para hacerlas posibles ¿Quién puede aportar qué recursos? ¿Solucionar qué trámite? Vamos a encontrarnos por lo menos grupos de personas dispuestas a llevarlas a cabo y hablamos. Manifestaros aquí, o en facebook, y crearemos eventos en las distintas ciudades y poblaciones. Necesitaremos locales para encontrarnos, quien pueda que los ofrezca. Hagamos que eso, si os parece y como os parezca, sea el inicio de la transición del 15 M a la sociedad indignada. Una transición que no es en ningún caso la substitución de una cosa por otra, sino  una adición, la integración de todo un pueblo agredido en sus más elementales derechos y en su dignidad. Y si las propuestas os parecen oportunas, tomad este texto y pasarlo, es vuestro, son vuestras, de todos y todas, yo sólo lo lanzo¡Vamos allá!


dimecres, 1 de febrer del 2012

Palabras, palabras, palabras.

El pasado sábado estuve en la manifestación de Barcelona. Bien. Había gente, no sé si más o menos que en otras ocasiones, pero, en Barcelona, cuando la Vía Laietana está llena y hay gente por delante y por detrás, se puede hablar de un éxito de convocatoria. Si un día llenamos el Paseo de Gracia, hablaremos de manifestación multitudinaria. Al día siguiente, la manifestación salía en los periódicos, sin demasiada relevancia, como una noticia más, casi de rutina. El lunes ya ni se acordaban de ella. Tampoco generó ningún debate en los medios ni vi ninguna columna de opinión al respecto, quizás la hubo.
Yo mismo había estado diciendo que necesitábamos una manifestación para reencontrarnos, para saber que seguiamos ahí y, en este sentido, de alguna forma cumplió su cometido. Fue un pequeño acto catártico, hicimos algo. Pero ¿y después?
La semana pasada publiqué una entrada hablando de cuatro aspectos que, a mi parecer, debíamos abordar con urgencia y contundencia: la organización, la información-formación, la comunicación y la acción. Recibí un buen número de feedbacks que mayoritariamente se adherían a mis tesis o complementaban algún aspecto y ya está, ahí quedó la cosa. Tuve un comentario en facebook que venía a decir que no me enteraba de nada, que había grupos que se reunían y donde se estaban decidiendo cosas y que lo que tenía que hacer era apuntarme a uno de estos grupos. A las pocas horas, el comentario desapareció.
Esto me dejó preocupado por dos razones: ¿Realmente hay grupos en los que se deciden cosas?, aparte, entiendo yo, de los grupos locales o los de internet. Y, si es así ¿por qué no lo sé? ¿Se trata de grupos sólo para iniciadas e iniciados? Y aún peor: si deciden cosas ¿qué carajo deciden? Porque no se nota nada (más allá, se entiende de acciones puntuales y muy oportunas mayoritariamente relacionadas con los deshaucios).  Y, por otra parte ¿por qué desaparece el comentario?, precisamente ese comentario. Es algo que me desconcierta.
Después me llegan noticias de que al amparo más o menos del Fòrum Social Català se van a reunir durante tres meses grupos temáticos, en principio abiertos, pero discretos, por lo que veo. Parece que la organización Agora, surgida del 15 M, también se reune discretamente. También me invitaron a un foro, este no sé si discreto por mumble y supongo que deben funcionar muchos otros grupos y reuniones igualmente discretos.
Todo ello me parece perfectamente lícito y respetable, pero también perfectamente inútil ¿Se puede saber a qué estamos jugando? ¿Para qué tanto grupo y tanta discreción? Entiendo que Anonymus sea no sólo discreto sino incluso clandestino por la naturaleza de sus acciones, pero nosotras y nosotros, la parte más rebelde y activa de la ciudadanía pacífica, legal y a cara descubierta ¿de qué nos tenemos que esconder? ¿No estamos pidiendo que el conjunto de la población se incorpore a la lucha contra la dictadura del capital financiero? ¿No tenemos la situación más que diagnosticada? ¿No son las acciones que vamos a llevar a término lo único que se tiene que hablar? ¿Entonces…?
Mientras nosotras y nosotros hablamos, como si estuviéramos a medio camino entre la clandestinidad y el ateneo, y organizamos una manifestación de vez en cuando, ellos actúan, cada día. Hoy, entre otras lindezas, hemos sabido que el liberal ministro Ignacio Wert se va a cargar la asignatura de Educación para la Ciudadanía  (y además con malas artes) ¿para qué quieren ciudadanos, para que les den quebraderos de cabeza?; también hemos sabido que Arias Cañete va a revisar la ley de costas, se supone que para que los ricos y las cadenas hoteleras puedan construir cerca del mar, y la de trasvases, para llevarles agua, además de la de la calidad del aire “para hacerla más realista” y no sé cuántas cosas más; Mato parece que se está planteando el copago y qué hacer con la píldora del día después (cargársela ¿ para que nos vamos a engañar?). También se ha decidido seguir finanaciado con dinero público a las entidades bancarias que se refusionen (se debe decir así, porque fusionadas ya están). Y lo que debe estar por venir cuando Rajoy teme (sus adláteres ni eso) que los sindicatos (¡los sindicatos!) le monten una huelga general.
Y nosotras y nosotros hablamos. Pues no, es el momento de pasar a la acción, lo único que hay que hablar es qué acciones se llevan a cabo y hacerlo de forma sistemática, aunque sean acciones de menor calado pero constantes, cada día o cada semana como mínimo, y todo el mundo a la una, no por grupos ni por sectores o, por lo menos, además de lo que puedan hacer grupos y sectores concretos.
Sobra atomización, sobra opacidad, sobra protagonismo, sobra elitismo, sobra verticalidad, sobran quejas y chascarrillos, sobran palabras y en cambio falta horizontalidad, falta transparencia, falta acción, mucha acción, debemos llamar la atención de la población, de los medios y del sistema, que sepan que estamos aquí y así, de paso, nos enteramos nosotras y nosotros también, porque es verdad que somos muchas y muchos más de lo que creemos, pero en abstracto no somos nada.
Yo no sé cómo iniciar un proceso de acciones y hacer que lleguen a todo el mundo y de todo el mundo en una transparencia total, y ya, porque es ahora, y ya hace tiempo, cuando nos están machacando. Tal vez sea necesario tan sólo que alguien empiece, que lance una pequeña convocatoria, física o virtual, me da igual, para empezar a movernos, auque sea poca gente. Si las acciones están bien pensadas, poco a poco irá creciendo, como un alud que desata un simple copo de nieve. ¿Quién quiere y puede desempeñar ese papel?
 Eso es lo que me parece, en estos momentos, realmente relevante. El resto, compañeras y compañeros de los diversos grupos, plataformas, asociaciones… o que andáis por libre, como yo, como decía Mina, no son más que parole, parole, parole