dimarts, 22 de novembre del 2011

Análisis proactivo de los resultados del 20 N

La famosa jornada de reflexión la tendrían que poner el día después de las elecciones para analizar los resultados y definir nuestras actitudes personales y colectivas para los próximos cuatro años.
Yo lo estuve haciendo ayer y mi conclusión es que la composición resultante del congreso de los diputados refleja el más positivo de todos los resultados posibles. Remarco inmediatamente lo de posibles. Obviamente una ley electoral injusta agranda la mayoría del PP y empequeñece los resultados de grupos como IU, pero, de momento, es la ley que hay. Por otra parte, el contexto económico y la forma en que se ha gestionada hacía inevitable un severo correctivo electoral al PSOE. Pensar que ese correctivo se iba a traducir en mayoría de la izquierda real y plural era simplemente ilusorio. La victoria del PP estaba asegurada, es el modelo de alternancia ante la crisis que se ha dado en todos los países de la zona euro y esa especie de arraigada creencia popular de que los ricos saben gestionar mejor la economía. La única duda en ese sentido es si alcanzarían o no la mayoría absoluta.
Y la han alcanzado, pero no tanto por méritos propios (han tenido 441.702 votos más que en las últimas elecciones, que no es mucho), sino por la debacle del PSOE y la abstención.  Ahora van a aplicar con mano dura la política de recortes y privatizaciones que les dicten los mercados, pero, puestos en esa tesitura, mejor que la aplique la derecha que un partido supuestamente de izquierdas travestido de neoliberalismo. Las medidas nos las van a imponer sí o sí y mejor también que lo tenga que hacer el PP con mayoría absoluta, sin poder ocultarse detrás de nadie, a ver si a alguien de tanta gente ciega como parece haber en este país se le abren los ojos.
El PSOE ha sido arrojado a su pozo más profundo por haber asumido como propias unas políticas que debía haber rechazado frontalmente y por sus otros muchos errores. Pero no se ha dado un trasvase de votos del PSOE al PP, o ha sido mínimo. Los votos que ha perdido el PSOE se han distribuido, a pesar de la ley electoral, entre formaciones minoritarias principalmente de izquierdas y nacionalistas. No olvidemos que la fuerza que porcentualmente más ha crecido no es el PP sino IU.
Así las cosas, el PSOE debe decidir si quiere refundarse como un partido de izquierdas. Aunque sea moderado, socialdemócrata, o quiere seguir jugando a aprendiz de brujo, haciendo pactos de estado con el PP, con lo cual se arriesga a asociarse a una mala empresa y a descubrir que su suelo electoral puede seguir bajando.
IU, el partido que votamos mayoritariamente desde posiciones alternativas, ha sacado un resultado excelente, dentro de los escenarios posibles, insisto. Ahora debemos esperar, y exigir, que se convierta en nuestra voz en el congreso, es decir que cumpla a rajatabla su programa, de manera que todo el mundo pueda escuchar que la realidad que pintará el gobierno es tan sólo una visión de la realidad, y por cierto muy interesada. Y que las medidas que propondrá el gobierno para salir de la crisis no son ni mucho menos las únicas medidas posibles. Y esa voz, esas alternativas, desde el congreso deben llegar a la ciudadanía a través de los medios. Uno de los objetivos prioritarios que debe fijarse IU es no quedarse tan sólo en el congreso sino actuar con habilidad para que su voz y sus propuestas se oigan alto y claro en todo el país.
De alguna forma se acabó también, por el momento, con el bipartidismo. Alguien ha dicho que para caer en el monopartidismo, pero no es así, tenemos el parlamento más complejo desde los principios de la democracia y el PP va a tener que sufrir un desgaste lo suficientemente duro como para poder asegurar que en las próximas elecciones perderá apoyo popular, no se cuánto ni si será suficiente, pero las medidas impopulares se pagan caro. Ellos lo saben y no podrán evitarlas.
Ese nuevo parlamento más plural conlleva buenas noticias, como el crecimiento exponencial de IU y la aparición o consolidación de grupos nacionalistas de izquierda como Amaiur, ERC. BNG, Compromís… que esperemos que atiendan a su sustantividad izquierdista antes que a su adjetivación nacionalista, que por otra parte no pido en absoluto que olviden. También, a causa de la ley electoral, se ha premiado exageradamente a las derechas nacionalistas, especialmente en Cataluña, donde, CiU, con un 4,18% del total de los votos obtiene 16 escaños, mientras IU, con un 6,93%, obtiene sólo 11.
¿Qué harán los partidos de la derecha nacionalista como CiU y el PNV? El PP no les necesita y si los partidos nacionalistas de izquierda no pierden el norte no van a poder formar un lobby nacionalista de suficiente entidad, ya que, excepto en la reivindicación nacionalista, coinciden con el PP. En Cataluña ya lo estamos comprobando hace tiempo.  Y la ambigua y extraviada UPD ¿Qué hará? Coincide con el PP en el antinacionalismo, pero en nada más. ¿A qué ascua se arrimará?
Creo que la palabra que mejor define la composición resultante del congreso es catártica. Muchos partidos, si no todos, van a tener que enfrentarse a una especie de ser o no ser. Van a tener que repensarse y ajustar muy bien sus estrategias sino quieren hundirse en la miseria.
Nosotras y nosotros, por supuesto, no nos quedaremos en una actitud contemplativa. Desde ayer la acción continua y habrá que disponerse a ser fuertes y a actuar con unidad y con imaginación. De esto hablamos en una próxima entrada. De momento dejo aquí este mensaje para las fuerzas parlamentarias: “hagan juego sus señorías”.

dijous, 17 de novembre del 2011

A tres días de las elecciones

A tres días de las elecciones aún hay mucho que podemos hacer. ¡Reaccionemos!
No caigamos en la trampa de pensar que “eso no va con nosotros”, porque va y mucho, aunque no creamos en el sistema, estemos hasta la cabeza o seamos ácratas hasta la médula: si queremos canviar el sistema, conseguir una democracia real, necesitamos todos los apoyos posibles, incluso dentro del parlamento, para optimizar nuestros recursos y para ir lo más lejos posible. Abstenerse o votar en blanco es lisa y llanamente apoyar al PP y dar mayor legitimidad a su programa de recortes y privatizaciones. Vota IU, o, si lo prefieres, otro partido minoritario con posibilidades de acceder al parlamento. Necesitamos voces afines, no nos podemos permitir el lujo de prescindir de ellas.
Vota para el senado la candidatura de Escaños en blanco, es la forma más directa de decirles que no lo queremos para nada, que es un derroche y una satrapía. Aquí ni partidos minoritarios ni absteciones ni nada que pueda entenderse como legitimación por activa o por pasiva.
Y habla con la gente de tu entorno, con los vecinos, con la família, con tanto descontento como hay pero que piensa que la mejor manera de castigar a los políticos es abstenerse. ¡Craso error! La gente no es tonta, para nada, pero hay que explicarle las cosas que ciertamente no explican los medios. Cada voto que pasemos de la abstención a la oposición al sistema es un paso hacia nuestra meta, que es colectiva.
A partir del día 21 tendremos que enfrentarnos a una realidad mucho más dura de la que hemos vivido hasta ahora. Preparemonos y hagamos acopio de todas las fuerzas posibles. Yo no me resigno a convertirme en una especie de  manifestante permanente y medio zombi. Yo quiero cambiar las cosas ¡Yo quiero ganar!

dimarts, 15 de novembre del 2011

¿Y el senado qué?

De eso no hablamos, pero en las elecciones del día 20 vamos a votar también por el senado. En este sentido creo que nuestra posición es muy clara y consensuada: no queremos senado para nada. ¿Para qué sirve el senado? ¿Cuánto nos cuesta el senado? … Si luchamos por una democracia real, directa, participativa, sólo nos falta una segunda cámara que ejerce de estorbo y adorno de lujo.
En este caso pienso que realmente no vale la pena votar por ningún opción mayoritaria ni minoritaria, tampoco abstenerse, ni votar en blanco, ni siquiera nulo, con todo lo cual lo perpetuamos. Piense que, en el senado sí, la mejor opción puede ser votar la candidatura de Escaños en Blanco para que se haga evidente, allí, donde nada importante se va a decidir, nuestro rechazo a un sistema que, además de secuestrar la voluntad del pueblo, mantiene con nuestros desmantelados recursos un verdadero cementerio de elefantes.

diumenge, 13 de novembre del 2011

Tu voto es tan imprescindible como tu presencia en la calle

Las encuestas sobre el 20 N que publican los periódicos de hoy son como para salir corriendo. Todos dan una amplia mayoría absoluta al PP, suficiente para gobernar sin atender otras razones que las que les impongan los mercados. Debemos prepararnos para cuatro años (por lo menos) de gobierno de los ricos y los poderosos, un gobierno mucho más opresivo que hasta ahora. Viviremos privatizaciones en todos los ámbitos y, por consiguiente, recortes drásticos. La idea de que una buena sanidad,  una buena educación o una jubilación digna sean lujos para quien se los pueda pagar está a la vuelta de la esquina. Como está a la vuelta de la esquina la regresión de las conquistas sociales que se han conseguido en estas últimas legislaturas: el reconocimiento a todos los efectos de los matrimonios homosexuales, la libertad de elección de la mujer en la interrupción del embarazo… no digamos ya la separación entre Iglesia y Estado porque si esto no lo habíamos conseguido ni siquiera durante ocho años de gobiernos socialdemócratas, imaginaros ahora.
Por supuesto seguiremos movilizadas y movilizados contra todo esto, luchando en las calles y donde se tercie, pero ya habéis visto que consideración le merecemos al PP, para ellos no somos más que un hecho anecdótico, una molestia (poque no llega a daño) colateral. Y si algún día conseguimos aglutinar fuerza suficiente como para preocuparles, pasaremos directamente de hecho anecdótico a la más flagrante ilegalidad.
En mi entrada anterior pedí un voto masivo de todas y todos nosotros a Izquierda Unida para optimizar nuestra fuerza dentro del parlamento (ved los argumentos en El voto como manifestación colectiva). Las encuestas son demoledoras, sí, pero todavía no se ha votado y, ante la que se nos viene encima, yo quiero pedir a todas las compañeras y los compañeros que no piensan ir a votar el o piensan votar nulo, sea por ideología o por decepción reiterada,  que se lo replanteen y voten a los partidos minoritarios de izquierda, Izquierda unida u otro que tenga oportunidad de salir. El sistema no espera tu voto, pero no estamos en condiciones de  perder una voz y un apoyo en el parlamento poque tú le des la espalda, ellos no lo harán.
Si queremos conseguir algo y no queremos convertirnos en un ornamento del sistema, un ornamento que incluso le otorga una cierta pátina de tolerancia y modernidad, debemos actuar de forma unitaria y utilizar todas las armas a nuestro alcance. Las urnas también, no para avalar el sistema, sino para cambiarlo desde dentro.  Tu voto es tan imprescindible como tu presencia en la calle. Queremos un mundo mejor, y creemos que este mundo es posible, pero ¿para cuándo? ¿Cómo lo vamos a conseguir si no ganamos terreno en todos, todos, los frentes? Compañeras y compañeros, tenemos los mismos fines, unamos nuestros medios.
Aún más, sabemos que muchos votos del PP van a ser votos basados en el descontento, un descontento no tan distinto del que puede estar en el fondo de nuestra movilización, pero que, con la desinformación imperante, ese desconento se va a manifestar, como única salida, en un cambio de gobierno. Aquí hay un problema muy grave y consubstancial con nuestra sociedad ¿Cómo va a ejercer su libertad quien la única información que recibe es la de los medios de comunicación de masas, básicamente la televisión? Una persona desinformada no es una persona libre.
Deberíamos trabajar a fondo con las personas cercanas, en nuestros distintos ámbitos de influencia, para explicarles que existen otras opciones y otras explicaciones de lo que está sucediendo. Es casi una misión que todas y todos nos deberíamos fijar, la de dotar a todo el mundo de intrumentos para poder ponderar la realidad equilibradamente, para que después cada quien haga lo que le parezca, pero con conocimiento de causa.
Y deberíamos buscar las formas (en plural), los resquicios, por pequeños que sean, para introducirnos en los medios de comunicación, cuanto más masivos mejor, para contrarrestar la desinformación, el sesgo, al que la población se ve sometida diariamente. Sino, corremos el riesgo de quedarnos en una élite, una vanguardia, y una vanguardia sola no cambia el mundo. 
Esta es una una estrategia sobre la que deberíamos hablar, y desarrollar, utilizando todas las tácticas posibles.  Pero ahora tenemos en frente una responsabilidad perenptoria: hacer presentes nuestras voces, alto y claro, en el parlamento, a través de formaciones que, aunque imperfectamente, nos puedan representar (allí, solo allí). Lo contrario, compañeras y compañeros, sería una irresponsabilidad que, más pronto que tarde, tendríamos que lamentar.

diumenge, 6 de novembre del 2011

El voto como manifestación colectiva

La verdad es que, después de leer las encuestas del CIS, no apetece seguir hablando de elecciones, pero creo que, precisamente por eso, lo debemos hacer. Parece que los gestores, representantes y titulares de los mercados van a arrollar y eso requiere por nuestra parte una gran movilización colectiva.

En estos últimos días han circulado en medios alternativos muchas reflexiones en torno al voto, reflexiones colectivas y reflexiones individuales. El común denominador de esas reflexiones es no votar a los partidos mayoritarios corresponsables de la situación en que nos encontramos: PSOE y PP y tampoco a los que les han prestado su apoyo en las medidas más regresivas: CiU, PNV y CC. Todas las recomendaciones sensatas que he leído o escuchado, apuntan a la necesidad de votar (para no favorecer indirectamente a un partido mayoritario) y de hacerlo a un partido minoritario o bien  recurrir al voto nulo.
Mi idea inicial era votar al PSOE con la esperanza de que llevaran la lección bien aprendida y constituyeran, por lo menos, un frente consistente contra la derecha ultraliberal del PP. Finalmente no lo voy a a hacer por dos motivos. 
El primero  es fruto de una interesante reflexión  de Ernesto Ilkermn “Instrucciones para votar el 20 N”, que recomiendo encarecidamente  y que, en lo relativo a este aspecto,  reproduzco aquí: “A nadie se le escapa que con mis recomendaciones para votar, lo que intento es que el PP consiga el menor número de escaños posible. Sin embargo a alguien le podría extrañar que para ello no promueva el voto al PSOE, que por mucho que pierda seguirá siendo la otra pata del bipartidismo. Pues es muy sencillo. Para evitar la catástrofe nacional, a la que nos llevará el PP si consigue la mayoría absoluta, no se puede contar con un PSOE  fuerte, que lleva tiempo diciendo si wana a lo que los mercados, la Unión Europea o el FMI exigen, y que, dicho sea de paso, nos ha conducido a la situación en la que estamos. En política económica el PP lo único que hará es profundizar en los recortes efectuados por el PSOE. Sin embargo, si el PSOE se lleva el varapalo electoral de su vida, y a cambio las pequeñas fuerzas aumentan su presencia en el Congreso, hará que ese voto cómplice del PSOE deje de serlo, ante lo que le podría suceder: desaparecer. Seguramente, entonces, empezará a ejercer de oposición.”  (Véase el texto completo en http://politicadeernesto.blogspot.com/).
El segundo motivo de mi cambio es que pienso que, aunque el voto es estrictamente individual y cada cual hará lo que quiera con el suyo, estaría muy bien que, en aras de una mayor eficacia, todos y todas los que de alguna forma hemos estado participando y participamos de esta movilización general de ciudadanas y ciudadanos, hiciéramos sentir nuestra fuerza conjunta votando en un mismo sentido.
Ernesto Ilkermn propone una compleja estrategia por comunidades autónomas. Voy a ir más allá: propongo que la mayoría más amplia posible de personas que nos oponemos a la dictadura de los mercados y queremos recuperar la hegemonía de la democracia y de la justicia social, votemos a Izquierda Unida. Que no dispersemos el voto en multitud de opciones minoritarias porque ni van a salir ni nadie las va a sumar conjuntamente. Si queremos conseguir un verdadero efecto en número de escaños y de votos debemos centrarnos en una única opción alternativa (no comprometida con las políticas regresivas aplicadas durante esta legislatura y con un programa que recoge lo esencial de nuestras reivindicaciones). Empecemos la regeneración democrática por ahí.
No veo la utilidad del voto nulo, aunque entiendo y comparto el cabreo, las pancartas son para las manifestaciones, no para las urnas (donde nadie va a hacer ni caso). El rechazo a la política llevada hasta el momento por los partidos mayoritarios se va a entender mucho más claramente sumando votos a la izquierda (aunque no todos se traduzcan en escaños) que no acumulando votos nulos, que cada cual va a interpretar según sus intereses. Dicho lo cual, es cierto que es preferible un voto nulo a la abstención o al voto en blanco, que perjudica a los partidos minoritarios.
Frente a esta propuesta hay que hacer una excepción en territorios como Cataluña, el País Vasco, Galicia o la Comunidad Valenciana, donde se presentan partidos nacionalistas de izquierda, que van a defender las mismas políticas sociales y progresistas y que tienen arraigo y posibilidades de obtener escaños. No entiendo en cambio que se proponga como partido minoritario alternativo al PNyD de Rosa Díez, que es un partido de la derecha liberal, que no dudará en pactar con el PP. Para quien no lo tenga claro, que lea en El País de hoy, la columna de Vargas Llosa "Una rosa para Rosa", donde, entre otras cosas, dice: "En estas elecciones votaré a UPyD porque sería el aliado ideal para el PP, aporta aire fresco, combate el nacionalismo y evitaría aguar las reformas sociales de Zapatero".
En resumen: hemos demostrado saber manejarnos muy bien en las calles, en las asambleas, en las redes... ahora es el turno de las urnas y la lógica es otra. Las primeras elecciones generales desde el 15 M. Con los mismos ideales con que escribo, hablo o me manifiesto, pido ahora el voto colectivo de todas y todos las y los que nos hemos reconocido en una misma lucha, para Izquierda Unida, para asaltar democráticamente el parlamento por la izquierda y arrastrar desde allí, como dice Ilkermn, al PSOE hacia una verdadera oposición socialista. Y propongo que expandamos la idea a nuestro entorno y que, como dice un lema que nos es familiar, seamos legión.
Ojalá a alguien se le ocurriera la forma de ir a votar en masa, o de identificarnos de alguna manera a la hora de emitir el voto, para que todo el mundo, también interventores y periodistas, tuviera claro que "los indignados están aquí".

dimarts, 1 de novembre del 2011

"O povo é quem mais ordena"

Vivimos en una sociedad democrática. Los poderes del estado se fundamentan y legitiman en nosotras y nosotros, el pueblo. No existe un poder estatal per se, no existe el estado al margen de la sociedad. El poder del estado no proviene de ninguna fuente sobrenatural o histórica sino de la delegación temporal que hacemos cada uno y cada una de nosotros y nosotras de parte de nuestro propio poder, de nuestra voluntad y libre albedrío en determinadas personas que libremente y en concurrencia se ofrecen para representarnos, para usar los poderes que hemos depositado en sus manos para velar por nuestra seguridad, nuestro bienestar y nuestros intereses colectivos.
No hay más poder en el mundo que el que emana de cada ser humano, de su capacidad de decisión y acción. Ese poder puede ser arrebatado, y así ha sucedido a lo largo de la historia, por la fuerza de las armas o por el temor de los dioses, pero eso es lo que han intentado corregir las democracias parlamentarias, a costa de mucha sangre.
Nuestras democracias son imperfectas. Cada cuatro años, o cuando corresponda, votamos a nuestros y nuestras representantes, en base, como mucho, a unos programas que leemos o nos explican y sobre la ejecución de los cuales no tenemos ninguna capacidad de control. Más allá del acto trascendental de delegar nuestra soberanía mediante el voto, nuestra autoridad desaparece hasta la siguiente legislatura. Es más, la delegación de nuestra soberanía no se ejerce en personas determinades  sino en partidos-bloque, con lo cual, nuestra capacidad de pedir cuentas disminuye aún más. En la práctica, la democracia deriva en una partitocracia, en la cual, la voz del pueblo frente a desviaciones programáticas, por ejemplo, o coyunturas imprevistas y de especial gravedad, como la presente, no cuenta para nada. Ni siquiera la del diputado o diputada individual, sujeta a esa aberración democrática que denominan disciplina de voto.
Hay más, aunque no existe otro poder legítimo que el poder que emana del pueblo, existen los poderes fácticos, de hecho,  aunque no de derecho, que en las democracias occidentales se basan siempre en última instancia en el poder del dinero. Todo se compra y se vende en este mundo. Los medios de comunicación, que configuran la versión canónica de la realidad que se nos presenta cada día, las personas, por supuesto, que debemos cubrir nuestras necesidades y las de quienes dependen de nosotras, necesidades con frecuencia inventadas o acrecentadas por los mismos poderes fácticos. Y también el estado. Los partidos que aspiran a ser hegemónicos, y por tanto a aplicar su política, dependen para su financiación de esos mismos poderes fácticos, o, por lo menos, deben respetar determinadas líneas rojas que les vienen fijadas implícitamente, porque lo que sí es meridianamente claro es que nunca conseguirán ganar unas elecciones en contra de los poderes fácticos (que, entre otras cosas, dominan los medios de comunicación y por ende la realidad). Se puede optar por ser un partido testimonial, ciertamente, pero, en un parlamento ¿de qué sirve un partido testimonial? De la misma forma, dentro de los partidos se impone una jerarquí a y una ortodoxia. Quien pretenda salirse de ella pierde su puesto y no hay que olvidar que estos puestos, para muchas personas, se han convertido en un oficio, una colocación, una cómoda poltrona para toda la vida, aun suponiendo que la utilicen legalmente, sin aprovecharla para hacer trapicheos ilegales por las rendijas del sistema.
Finalmente, los poderes fácticos se infiltran, directamente o mediante testaferros en las instituciones del estado (el parlamento, el gobierno, el poder judicial…) o miembros de los poderes del estado son captados por los poderes fácticos y sirven y comparten sus intereses. Hay excepciones, claro, en todas partes hay personas honradas, pero son sustituibles.
Así pues, en la práctica se produce una superposición del estado respecto a la ciudadanía soberana, y otra superposición de los poderes fácticos por encima de los poderes del estado, con lo cual la lógica de la democracia se subvierte.
De ahí, por supuesto, que se rescaten los bancos con dinero público: si es nuestro dinero deberían ser nuestros bancos, que se nacionalicen. De ahí que no se ejerza la justicia redistributiva, que atentaría contra los intereses de los poderes fácticos, ni las democracias occidentales puedan ponerse de acuerdo para acabar con los paraísos fiscales. De ahí que se hayan privatizado tantas empresas públicas y se propongan privatizar más, empresas rentables que contribuían a sanear las arcas del estado, nuestras arcas. De ahí que se atente contra el núcleo duro del estado del bienestar, convirtiendo en la práctica la sanidad, la educación, las jubilaciones… en sectores sujetos a las leyes del mercado. De ahí tanta corrupción y apoltronamiento, de ahí tantas medidas políticas estúpidas que no han servido ni para lavar la cara de quien las ha propuesto y han cubierto el país (este país por lo menos) de infraestructuras absurdas e insostenibles. De ahí los cinco millones de parados, hijos de la desrregulada libertad de empresa.
Difícilmente vamos a poder inquietar a los poderes fácticos: no nos tienen miedo, nuestra movilización para ellos es anecdótica. Pero sí al estado, nuestra lucha debe ser política, transformar la democracia desde la democracia, el estado puede actuar sobre los poderes fácticos, aunque para eso debe regenerarse y atreverse a ello. En el fondo todo está en nuestras manos, aunque parezca mentira, el poder radica en el pueblo. Hace falta creérselo y activarse, que las vanguardias movilicen al resto del pueblo, que se vote con reflexión y con intención, y a continuación que se estreche el marcaje y la exigencia sobre los y las representantes políticos, para que la hermosa frase de José Afonso que encabeza este texto pueda ser verdad.

diumenge, 23 d’octubre del 2011

20 N, el sentido del voto

Desde el momento en que las insituciones políticas democráticamente elegidas (a cualquier nivel territorial) ceden ante los intereses espúreos del capital especulativo, que reclama la devolución de una riqueza que nunca ha existido, la democracia parlamentaria queda seriamente afectada y se convierte en una  especie de ceremonial versallesco en gran parte vacío de contenido. La impresión de estar contemplando muñecos inanimados, que tenemos con frecuencia cuando escuchamos los discursos de nuestros políticos, no carece de fundamento.
Ahora, esas mismas instituciones, esos mismos políticos, nos llaman, en España, a participar en unas elecciones libres que se antojan una grotesca pantomima ¿Para qué vamos a votar? Ni yo ni nadie con quie yo pueda compartir algo votamos para que se aplicara esta política, para que desmontara el estado en su sentido más pristino y se sacrificaran sus más nobles funciones en los altares de las bolsas mundiales. El cuerpo me pide soltar un exabrupto y largarme con el viento fresco, ni siquiera me apetece hacer el esfuerzo de rellenar un voto nulo con alguna expresión soez.
Y sin embargo votaré, porque, ya lo dije en otra entrada ¿qué otra opción nos queda? Ante el asalto a nuestros derechos más elementales, a nuestras ilusiones más íntimas y modestas, a nuestro futuro, a nuestras propias vidas… ¿qué otra cosa podemos hacer que no sea utilizar los mecanismos de la democracia parlamentaria? Podemos movilizarnos, por supuesto, y espero que sigamos haciéndolo, pero con eso podemos conseguir como mucho ligeros retoques en algunas medidas sociales, influir en el estado de la opinión pública y la de algunos políticos… mo más. Repasemos la historia: ninguna revolución pacífica ha triunfado jamás en un contexto que se asimile mínimamente al nuestro. De nada nos valen ejemplos como los de Islandia, por estimulante que sea, con una población más propia de un vecindario de una gran ciudad que de un estado de la Unión Europea, ni la India de Gandhi, en un contexto mundial de sustitución del colonialismo político por el imperialismo económico, y que además terminó en un baño de sangre, ni las revoluciones árabes frente a regímenes dictatoriales sin ninguna legitimación popular y con el interesado apoyo occidental… No, en nuestro contexto, desgraciadamente, no caben revoluciones pacíficas para cambiar las cosas, ni se dan las condiciones, ni la relación de fuerzas, ni el sentimiento en la inmensa mayoría de nosotras y nosotros para cambiar el statu quo de otra forma que no sea ejerciendo nuestros derechos como ciudadanas y ciudadanos.
Por eso votaré, porque, a pesar de todo, la forma más plausible de reorientar el rumbo de la historia hacia el bienestar de la humanidad sigue siendo la democracia parlamentaria, no sola, por supuesto, pero como plataforma principal. Si no es a través de los parlamentos, me temo que no conseguiremos nada que no pueda ser deglutido cómodamente por el sistema capitalista, entendido como la preeminencia de los intereses del capital por encima de los intereses y las necesidades del  pueblo.
Y, puestos a votar ¿a quíén votar? He recabado y escuchado muchas opiniones en estos días, en todos los sentidos, y supongo que las seguiré recabando y escuchando y ofrezco esté blog como un espacio más para expresarlas y debatirlas. Unas hablan directamente de abstención, con el argumento de que esto, al bajar el número de votos necesario por escaño, favorece la entrada de los partidos pequeños, pero eso sólo valdría si los que se abstuvieran fuesen los que van a votar a los partidos mayoritarios, que, por lo menos en el caso de la derecha, está claro que no lo harán, y si no es así el efecto no se produce. El voto nulo, más allá de su función catártica, produce el mismo resultado en cuanto a aritmética electoral. El voto en blanco, en cambio, en la medida en que hace aumentar la participación encarece la obtención de escaños, para la cual se necesitan más votos, como sucede con el voto a partidos previsiblemente extraparlamentarios, ya que estos votos, si no se obtiene ningún escaño (muy caros en según que circunscripciones electorales) y, en todo caso. los restos sobrantes, también se van a repartir proporcionalmente entre los partidos más votados.
En esa tesitura, parece que los únicos votos que realmente van a encarnar la voluntad del o la votante son aquellos que se dirijan a partidos que previsiblemente vayan a obtener representación parlamentaria en la circunscripción en cuestión (y aun así quedan los flecos, pero, con esta ley electoral, no podemos controlarlos). Obviamente cada cual votará como le venga en gana (este derecho aún no nos lo han recortado) pero yo voy a intentar utilizar mi voto como un instrumento más de rebelión y para eso voy a votar a la izquierda.
No me parece higiénica la alternancia, ya sé que se dice mucho, porque, en el estado actual de cosas, debe producirse entre dos únicas opciones hegemónicas y cerradas. Mi concepción de la democracia tiene mucho más que ver con la pluralidad y las listas abiertas, que permitan, e impliquen, una mayor corresponsabilización de las personas con su voto. Y esto, de momento, no lo tenemos.
El gobierno socialista saliente lo ha hecho muy mal. Ciertamente ha puesto en marcha algunas leyes y reformas sociales importantes que pueden verse seriamente amenazadas por un gobierno de derechas  (quien viva o conozca Cataluña tiene una clara muestra, y representa que moderada, de lo que puede hacer la derecha, con el gobierno de CiU). Pero, en cualquier caso, coqueteó durante mucho tiempo con la burbuja inmobiliaria, se perdió en un laberinto de medidas paliativas para la crisis que no quería reconocer, medidas que no sirvieron prácticamente para nada, y, sobre todo, asumió el papel, que no correspondía a un partido de izquierdas, de acatar y aplicar las medidas impuestas por el directorio europeo. En ese momento, el gobieno Zapatero debía haber dimitido y convocado elecciones, por lo menos para que la ciudadanía tuviéramos bien claro quién era qué y dónde estaba. Un partido llamado socialista aplicando medidas neoliberales de carácter radical fue un espectáculo bochornoso.
Después vino el 15 M, y con él, muchos y muchas nos sentimos tocados por un hálito de aire fresco y comenzamos a manifestarnos y a levantar nuestras voces, y lo seguiremos haciendo sin desfallecer, que a nadie le quepa ninguna duda. Y nuestro mensaje caló, por lo menos formalmente, en algunos políticos de la izquierda. Alguno llegó a hacerse portavoz improvisado de nuestras reivindicaciones en el congreso, otros, me consta, han vivido serias crisis ideológicas y han promovido el debate dentro de sus partidos. Rubalcaba, aunque muy matizadamente, incorpora moderadamente algunas ideas surgidas del 15 M y las movilizaciones posteriores en su programa y otros partidos más a la izquierda lo hacen de una forma más directa.
Creo que debe entenderse el 20 N como una batalla más en nuestra lucha. Y esta no se libra con nuestra presencia en las calles, con asambleas, consignas o manifiestos, sino con los votos.
Todas las encuestas dan como claro vencedor de las elecciones al PP de Mariano Rajoy. Esto significa la derecha de la derecha, daría lo mismo poner en su lugar directamente a los directivos de los bancos y de los fondos de inversiones junto con algún grande de España. Y estos no nos van a hacer ningún caso, para ellos somos claramente el enemigo, un enemigo al que se puede tratar con condescendencia mientra no moleste demasiado, o con contundencia cuando consideren que ha cruzado la líneas de las buenas maneras. Bien, pues al enemigo ni agua, ni un voto por error u omisión. Dicen que su victoria es imparable pero si no lo intentamos no lo sabremos jamás.
En esta batalla incruenta hay que luchar con todas nuestras fuerzas para que gane la izquierda o para que, en el peor de los casos, el PP no lo haga con mayoría absoluta, de manera que no pueda funcionar como una apisonadora en el parlamento, sino que se vea obligado a pactar. Da igual que se vote al PSOE, a IU o a otro partido de izquierdas que pueda obtener escaños. Da igual mientras no se tire el voto. Yo me inclino por votar al PSOE porque pienso que es el voto que aritméticamente más puede favorecer al bloque de partidos de izquierda. No me gustan las listas que han confeccionado a base de codazos y con escasa renovación, temo la realpolitik y el apoltronamiento… Pero esa es otra fase de la lucha. Si se consiguiera un gobierno de izquierdas o, por lo menos, una oposición de izquierdas con capacidad de vetar según qué medidas de gobierno, según que iniciativas legislativas, al día siguiente tendríamos que estar pidiéndoles cuentas y exigiendo, para empezar, una renovación a fondo de la ley electoral para dar cabida a una mayor pluralidad y a una representatividad más directa.
Esta es mi opción en estos momentos, estoy abierto a reflexionar sobre todo tipo de opiniones razonadas, pero lo que no pienso hacer es votar por ética ni por estética, lo que estamos viviendo es demasiado grave y lucharé contra ello en todos los frentes, pero el dia 20 N mi arma, nuestra arma, es mi voto, nuestro voto.