dimecres, 17 d’octubre de 2012

El independentismo no nacionalista

 “La patria y la religión son estupendas, si no te las crees”
Daniel Dennett

Vivimos en un mundo socialmente construído. Un mundo en el que hay árboles, piedras, animales… y religiones, naciones, familias… Los primeros están ahí, son reales y naturales, aunque los humanos hayamos intervenido para nombrarlos, clasificarlos y servirnos de ellos de mil maneras, incluso alterando su naturaleza. Los segundos no, son creaciones humanas, inventos, que nos han servido para vivir en sociedad, para organizarnos, para someternos y matarnos los unos a los otros, y tantas cosas más.

Como tales instituciones, o construcciones sociales, tienen su historia y su diversidad. La familia es la forma de organización social más antigua, pero presenta multiples formas a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo. No hay algo así como una familia natural. Los estados -que no las naciones- y las religiones -sin entrar en debates acerca del alcance del concepto-, se formaron fundamentalmente durante el Neolítico, con la producción de excedentes.

La nación, tal como la conocemos ahora, es una construcción social reciente. Procede de las Revoluciones Burguesas fruto de la Revolución Industrial y sirve para legitimar la pertenencia a una colectividad, la nación-estado, claramente jerarquizada y que se convierte en una suerte de divinidad, la patria.

Por supuesto, el término nación se ha utilizado antes con diversos sentidos, y se ha aplicado dubitativamente a sociedades no estatales mediante eufemismos como naciones primeras u otros conceptos igualmente sospechosos como etnia o grupo étnico. Con lo cual resulta que, en la humanidad, unos tenemos naciones-estado y otros tiene etnias o naciones primeras (por no decir tribus o sociedades primitivas). Mira, va como va.

Durante el proceso de construcción social de las naciones-estado se formalizan historias, símbolos, mitos y leyendas y todo tipo de materiales culturales que se moldean, se cortan y se pegan, se interpretan, se ocultan, se inventan descaradamente, según los casos, para crear una imagen nacional que pueda ser compartida por todos y que responda a los valores de las clases dominantes. Son procesos con frecuencia muy explícitos, en algunos puntos incluso surrealistas, pero que consiguen llegar a naturalizar la idea de patria y a forjar identidades y sentimientos a su alrededor.

Esto sucede tanto para las naciones con estado como para las naciones sin estado, pero con aspiraciones de estado, como sería el caso de España y de Cataluña o el País Vasco, respectivamente, o, en menor medida, de Galicia, porque no tiene una burguesía hegemónica lo suficientemente potente que demande un discurso nacional.

Por tanto,  las naciones son un artefacto, construído bajo la batuta de los poderes, para legitimar un estado, incluso en su sentido más común: un estado de cosas.

España, o mejor, las élites dominantes de España y su intelectualidad más o menos orgánica manipulan descaradamente las epopeyas medievales, los mitos románticos y sobre todo la historia. “En el reinado de Felipe II [se dice] en España no se ponía el sol” y nos imaginamos una nación-estado parecida a lo que conocemos actualmente. Para nada, lo que se debe entender es que en la finca privada de Felipe II, de la cual disponía más o menos a su antojo y que podía incluso dejar en herencia, no se ponía el sol. Y, si hubiese decidido dejar Castilla y sus posesiones de ultramar a un hijo y el Reino de Aragón y las suyas a otro, ahora, a lo mejor, catalanes, aragoneses, valencianos, mallorquines… formaríamos parte de una misma nación-estado separada de Castilla.

En Cataluña, donde se produjo el mismo proceso de invenciones, refritos, recuperaciones, etc, que en España (o Italia, o Grecia, o Escocia), es singularmente interesante el caso de la lengua. Cuando se firmó el tratado de los Pirineos en 1659, parte de lo hoy sería Cataluña, quedó bajo el dominio del rey de Francia. Es lo que ho conocemos como Catalunya Nord o Cataluña Francesa, que corresponde a algunas comarcas del departamento francés del Languedoc-Roussillon. En todo el dominió catalano-hablante se siguió hablando catalán con toda normalidad, pero, con la Revolución francesa y el Imperio Napoleónico -simplifico-, la escuela y la administración pública francesa consiguieron marginarlo muy eficazmente y, lo que es más importante, desprestigiarlo, quedó como un patois. En cambió, en la zona correspondiente a la monarquía española, aun a pesar del decreto de Nueva Planta de 1716, promulgado por Felipe V, que hacía obligatorio el uso exclusivo del castellano, la administración fue muy ineficaz y el catalán se mantuvo como lengua de uso, de tal forma que, en el siglo XIX, el nacionalismo catalán y su movimiento intelectual, la Renaixença, sólo tuvo que “adecentarla y normalizarla” para tener una lengua perfectamente presentable y erigirla en símbolo dominante de la identidad.

Abrevio. Quien quiera buscar en la historia, en supuestos rasgos diferenciales o en cualquier otro hecho objetivo, la legitimación de una nación que le autorice a proclamar la naturalidad de un estado, va listo. La única legitimidad posible procede del derecho a decidir, en última instancia del derecho individual al libre albedrío.

Pero ¿Cuándo se trata de una cuestión colectiva quién decide? Es bien simple: la colectividad. Fredrik Barth, en una obra clásica de la antropología (1969), daba en el clavo al remarcar como criterios determinantes para la identificación de un pueblo el que se reconocieran y fueran reconocidos como tal. En última instancia no haría falta ni eso, con la mera voluntad de identificación colectiva por parte de sus miembros, bastaría.

La colectividad, por supuesto, promueve elementos de identificación colectiva, principalmente la lengua, pero también otros hechos culturales -y si alguien a esto le quiere llamar nación, pero en su sentido originario de natio, está en su derecho-. Pero nadie dejará de ser considerado español porque no le gusten los toros, ni catalán porque no baile sardanas. El hecho determinante es el derecho a decidir.

Veamos un ejemplo en otro plano. Si en la Iglesia Católica un colectivo -no necesariamente territorial- quisiera separarse de la disciplina de Roma y seguir su propio camino, sin reconocer la autoridad del Papa ni de las jerarquías de la Iglesia, tal vez en el Vaticano pusieran el grito en el cielo, incluso podrían excomulgarlos (que vendría a ser como vetarlos en la Unión Europea), pero no podrían impedirlo ni ninguna razón les asistiría. Es más, estoy seguro que, tarde o temprano, establecerían relaciones fraternales, en nombre del ecumenismo.

Bien, pues es lo mismo que sucede con Cataluña, pueblo que se reconoce y es reconocido como tal en todo el mundo. El derecho que nos asiste a la independencia no radica en oscuros argumentos históricos, sino en nuestro libre albedrío colectivo, en el derecho a decidir. Y esto, si se produce, el Estado Español debería entenderlo sin aspavientos, porque no hay razón alguna que pueda evitarlo, sólo el ejercicio de la fuerza, es decir, en última instancia, la violencia de estado.

Yo nunca he sido nacionalista y me he dedicado además a estudiar el proceso de construcción social de las naciones -lo que me distancia mucho de cualquier posición esencialista-, pero siempre he sido un defensor de la libertad, y la autodeterminación de un pueblo, de una colectividad, es una expresión de la libertad. Hasta ahora, personalmente no había sentido la necesidad de ejercerla -bueno sí, durante el franquismo, pero entonces era una quimera-.

Ahora sí la siento, pero probablemente es porque el Estado Español, con el que hemos convivido pacientemente durante toda la Transición, vuelve a mostar su cara más oscura. Se retrotrae, tanto económicamente, como política, social y culturalmete a los tiempos del franquismo. Y aquí ya no hay entendimiento posible. No con los españoles de a pié, nuestros hermanos, sinó con las estructuras del Estado y los personajes que en el ámbito político, económico, militar, eclesiástico, mediático, judicial, etc., las encarnan.

Para mí y pienso que para millones de catalanas y catalanes no hay marcha atrás, y sin necesidad de acudir a argumentos pseudohistóricos o pseudoantropológicos. Como decía Raimon, nosotros no somos de ese mundo, nosaltres no som d’eixe món.


14 comentaris:

A la/es 17 d’octubre de 2012, 14:47 , Blogger Unknown ha dit...

Claro, claro... y todo el dinero que ha ido a parar a Cataluña en detrimento de otras comunidades, pongamos Andalucía, mi tierra me guste o no, nos lo devolvéis en cómodos plazos de a euro de aquí a la eternidad, no?

Mire Sr. antropólogo: independencia? Sin duda. Para vosotros; si no sois españoles, pues nada, qué se le va a hacer. Pero devolved ese dinero, que para esas cosas sois la repera. O es que queréis independizaros de la deuda? Y más ahora recién habéis acudido al fondo de rescate para las autonomías. Es que vamos, sería el típico "sinpa" de toda la vida; irse de un bar sin pagar, para los que no entiendan mi jerga española.

Espero piense que la ejecución de ese acto tildaría al hipotético nuevo estado catalán de adjetivos que no pondré aquí por escrito, vaya a ser que yo, malvado español, haya tergiversado sus palabras y deba retractarme más tarde. Pero sí diré, y sin ser antropólogo, que suscitaría un odio increíblemente fuerte contra ustedes los catalanes, y no creo que quedara en la palabra el asunto.

Piense en ello.
Un cordial saludo,
Pablo Valdueza Plaza.

 
A la/es 17 d’octubre de 2012, 15:55 , Blogger Llorenç Prats ha dit...

Sin comentarios. Mírese otra vez los números por favor porque, no sé si lo diré bien en castellano, "está meando fuera de tiesto".

 
A la/es 17 d’octubre de 2012, 16:35 , Anonymous Anònim ha dit...

Sr. Unkwon nadie ha dicho que no vayamos a pagar, tampoco nadie ha dicho que no vayamos a cobrar. Si tenemos deuda también tenemos parte de beneficio histórico público español, inmuebles, arte, etc... ¿O creen que sólo van a repartir las deudas con nosotros y no los beneficios de todos estos años? No recuerdo cuando Andalucia a ayudado a Cataluña, pero si cuando Cataluña ha ayudado a Andalucia, a veces hablan los que tienen más que callar. Un saludo.

 
A la/es 18 d’octubre de 2012, 5:24 , Anonymous Álvaro ha dit...

Mi opinión:

Es cierto que existe un independentismo no nacionalista; es el que se basa en el bolsillo. Es el que ha creado en poco tiempo centenares de miles de independentistas, a base de repetirse en los medios subvencionados, y hasta la extenuación, el "Espanya ens roba" y la promesa de "seremos más ricos". ( en medio de la constante y habitual búsqueda cuasi-psicótica de todo lo que diferencie ó agravie). Y este porcentaje de la masa, que ha dado tantas alas a la parte púramente identitaria, tiene las patas cortitas, ahora que se va sabiendo la verdad.

Entiendo y respeto su postura, pero creo que los que piensan así, son minoría. Más de la mitad de los catalanes, con un amplio margen, se sienten al menos algo españoles. Se lo enfoco de esta manera: ¿ cuánta de la gente, a la que engloba en esos millones, querría arriesgarse a ser más pobre ó a un cataclismo socio-económico a cambio de un estado catalán? ¿quién asegura beneficio alguno? ¿ Pujoles, Mas, tripartito..?

Si se hiciese una campaña igual de contundente que la del "ens roban", pero explicando exáctamente cómo va a quedar la economía catalana tras ese proceso, cómo se va a financiar, quiénes se van a ir, qué va a suponer para la estructura económica, quién va a comprar los productos catalanes...todo ello día tras día bajo el lema "nos conviene España", ¿ no pasarían a ser los soberanistas una minoría ridícula?

Yo también opino que el independentismo llega a un punto crítico; de jaque mate, quiebra técnica, game over. Los vascos, que hablan de independencia, hoy día se les está pagando las pensiones.

Yo empezaría a plantear una alternativa, un plan B. Quizá una larga meditación en la autocrítica y la humildad.

¡Salud!






 
A la/es 18 d’octubre de 2012, 14:16 , Blogger Llorenç Prats ha dit...

Hay estudios en cantidad sobre la viabilidad de la independencia de Cataluña y ninguno en serio en contra. Siendo así ¿de qué habla? ¿en base a qué datos?... ¿No es más bien un deseo subliminal de qu las cosas sean como no son en realidad? En cuanto a eso de la independencia por el bolsillo ¿le es aplicable aquello de "cree el ladrón que todos son de su condición"? A mi me parece muy respetable que alguien no este de acuerdo con la independencia, pero querer respaldarlo con argumentos pseudocientíficos, no.

 
A la/es 18 d’octubre de 2012, 16:36 , Anonymous Álvaro ha dit...

Quizá debería seguir más los diarios. El "discurso del miedo" ya viene desde fuera. http://www.elconfidencial.com/economia/2012/10/18/un-informe-de-ubs-a-sus-clientes-tilda-de-desastrosa-la-separacion-de-cataluna-107492/

 
A la/es 19 d’octubre de 2012, 0:28 , Blogger Llorenç Prats ha dit...

¿De UBS? Vaya, un discursos muy desinteresado. En el Col·lectiu Emma (google) encontrará información exterior en abundancia o siguiendo a cualquiera de los economistas serios que se han pronunciado, incluso el neoliberal Sala Martín.

 
A la/es 19 d’octubre de 2012, 6:13 , Anonymous Alvaro ha dit...

Ayer me pilló somnoliento, hoy le respondo ya en buenas condiciones

Dice que hay estudios rigurosos y no hay riesgo alguno. ¿ No hay riesgo de boicot masivo ? Verá señor, el mercado español permite a las empresas catalanas economías de escala que abaratan los costes para la posterior exportación. No sé si Vd. entiende este concepto. También las multinacionales afincadas en Cataluña para abastecer mercado español, UE (y sudamericano en algunos casos) muy previsiblemente se irán (ya se ha ido Ausonia, de P&G)y hay un tejido de empresas locales que funcionan suministrando a estas corporaciones (entorno al grupo VAG, por ejemplo). Eso son miles de puestos de trabajo.

Vd. habla de viabilidad, pero incluso es viable mi vida con un huerto en el campo. Y Kosovo. Y Macedonia. Pero aquí se está diciendo no que sea viable, sino que se va a pasar a ser más mucho más rico. Y ésta es la gran falacia. Hace falta mucha pasta para financiar ese ratio de pensionistas, y a día de hoy se recurre al Estado para financiar la deuda. Yo no me baso en pseudociencia, sino en fundamentos pragmáticos, como el recién citado, el boicot emergente y la descolocación de empresas. Es de suponer, además, que un proceso que se ampara en el "derecho a decidir de los catalanes" ha de otorgarselo también a las partes del territorio catalán que quieran seguir en España. Por tanto ya las predicciones que menciona quedan obsoletas. Yo pienso que ambas partes salen perdiendo, pero la catalana bastante más.

Me ha intentado otorgar unas cualidades que no acabo de entender con una frase hecha (sigo examinándome a ver dónde ha caído la flecha sin dar con ella). Sin embargo tal dicho se le puede aplicar a Vd. en aquello de desear que las cosas sean como no son en realidad. ( Alguien que se considera a sí mismo un utópico en la máxima exponencia no creo deba acusar a otros de una cualidad que ostenta tan alegremente).

Un saludo

 
A la/es 19 d’octubre de 2012, 10:25 , Blogger Llorenç Prats ha dit...

És que está tan discutido -y cuantificado- esto, hay tanto material al respecto... que ¿qué voy a hacer yo, repetir ahora argumentos que los economistas han explicado hasta la saciedad y con mayor conocimiento de causa? Léalos, por favor, y todo lo que comenta le será contestado. Diríjase, si quiere, al Fòrum Social Català o a la Asamblea Nacional Catalana (tienen incluso volúmenes escritos). Lea a algun economista de izquierdas como Arcadi Calzada o de derechas como Xavier Sala Martín... en fin ¿yo qué quiere que le diga? Esto no es una cosa de "sentido común" como dice usted, sino de conocimiento científico, a él le encomiendo. Le aseguro que encontrará respuestas para todo. Y si quiere otras que le den la razón, entre los "opinadores y tertulianos" encontrará de todo. Yo le remito encarecidamente a los economistas profesionales.

 
A la/es 19 d’octubre de 2012, 10:48 , Anonymous Anònim ha dit...

A Pablo Valdueza Plaza (Unknown).

En el magnífico post que ha desarrolado Llorenç tienes la clave de la idea de independentismo que abrazan en la actualidad muchos catalanes, pero parece ser que tú no has entendido nada. Te has limitado a lanzar (en sentido figurado) cuatro piedras mal tiradas contra el autor.

Los individuos no nacemos nacionalistas, y no nacemos independentistas.
A estas dos etiquetas se llega por condicionantes internos y externos, sobretodo cuando los agentes externos atacan a los internos sistemáticamente.

David Tirado

 
A la/es 20 d’octubre de 2012, 11:38 , Anonymous Anònim ha dit...

“Los individuos no nacemos nacionalistas, y no nacemos independentistas.
A estas dos etiquetas se llega por condicionantes internos y externos, sobre todo cuando los agentes externos atacan a los internos sistemáticamente.”
Bien cierta es la afirmación de que no “se nace”, si no que “se hace”… y cierto es también que los agentes “externos” atacan sistemáticamente a todo aquello que pueda poner en riesgo su status quo, su afianzamiento en el poder, sus privilegios, al fin, son políticos y ya se sabe lo que se puede esperar de ellos.
Pero no es menos cierto que los agentes “internos”, también de forma sistemática, han ido socavando con perseverancia hasta lograr encauzar la opinión pública catalana hacia los postulados que les interesa. Sin dudar un momento en manipular emocionalmente a un pueblo, creando dogmas y mitos falsos. Hasta llegar a conseguir que, sin ser nacionalistas, también lleguen a ser independentistas… también los de aquí son políticos al fin.
Recomiendo la lectura de la obra de Albert O. Hirschman “Retóricas de la intransigencia”-1991. Quizás, si somos capaces de tomar una cierta distancia, consigamos que al fin los árboles no nos impidan ver el bosque.
No consiento que los políticos sean de allí o de aquí, fomenten el rechazo, el desprecio e incluso el odio entre los individuos.

José B. Díaz

 
A la/es 22 d’octubre de 2012, 10:56 , Anonymous Anònim ha dit...

A José B. Díaz

Seguramente no me he expresado adecuadamente. Cuando hablaba de condicionantes internos me refería al factor identitatario. El factor identitario no es algo exclusivo de Cataluña. Andalucía, por poner un solo ejemplo, también tiene el suyo. La diferencia entre Cataluña y Andalucía, entre otras cosas, es que la primera dispone de una lengua diferente que le es propia.
Y cuando hablaba de los condicionantes o agentes externos me refería a ese sentimiento de rechazo que existe hacia lo catalán desde el resto de España. Rechazo... no únicamente hacia la lengua catalana, sino a todo aquello que forma parte del factor identitario.

En ningún momento he hablado de políticos.

Uno de los aspectos relevantes en las relaciones humanas (sociales) es el sentimiento de pertenencia a un grupo. La gran mayoría de humanos, además de familiarmente, nos organizamos en direrentes grupos: de amigos, de aficiones, de compañeros de trabajo, etc., y nos sentimos identificados con ese grupo. Tenemos un sentimiento de pertenencia a ese, o esos grupos, y ello crea la identidad colectiva de los individuos que lo componen. Esos individuos crean una piña donde se aunan sentimientos, formas de pensar (no estoy hablando de política), e incluso la defensa ante la amenaza psicológica o física de otros grupos.
Gran cantidad de ciudadanos de Cataluña, en un sentimiento o ideas iguales o similares, forman un gran grupo social. Si ese grupo social es agraviado, el resultado es una respuesta de mayor unión y defensa en contra de "esos agentes externos".

José, espero haberme explicado mejor ahora.

Un saludo.

 
A la/es 30 de juny de 2013, 1:08 , Anonymous Anònim ha dit...

Si se busca derrotar el capitalismo,¿no sería mejor que buscáramos las cosas que nos unen y dejar de lado los nacionalismos y religiones,etc.. que nos separan?

 
A la/es 12 de desembre de 2013, 14:10 , Blogger Javier Draper ha dit...

Creo que tus argumentos son muy firmes y muy legítimos. Es más, considero que el discurso está fantásticamente articulado, se nota que sabes de que hablas. Ahora bien, el derecho de autodeterminación viene legitimado (sobre todo institucionalmente) en que Catalunya como nación que es, tiene derecho a decidir ser un Estado propio. Es decir, que todo aquel que defiende el independentismo, como mínimo en el caso de Catalunya, se podría decir de él que es nacionalista, en la medida en que quiere que la nación catalana, sea Estado. Porque sino el concepto de autodeterminación, pierde noción de ser. En tanto en cuando si te estás determinando es como Catalán. Es decir, que en tu DNI ponga Nación: Catalana. ¿O no?

 

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